¿Y si Zapatero hubiera hecho lo mismo?

¿Papandreu se ha marcado un gol? ¿Y si Zapatero hubiera advertido -como Papandreu- a la oposición cuando planteó su plan de ajuste? ¿Y si la oposición se hubiera visto obligada a apoyarlo? ¿El resultado para las próximas elecciones hubiera sido el mismo? ¿Hubiera cambiado algo?

Ni sí, ni no, sino todo lo contrario

La decisión de CiU de no votar la admisión a trámite de la reforma constitucional era una posición muy cómoda. Con la excusa, facilitada por el PP y el PSOE, de haber sido marginados del proceso, ellos respondían simbólicamente esta mañana “ausentándose” de la votación. O sea, “ni sí, ni no, sino todo lo contrario”. Y aunque el marketing político (y seguramente la convicción de la mayoría de los miembros del Grupo) les ha dejado como unas personas con más respeto a las instituciones democráticas que otros parlamentarios, tampoco perdamos de vista que tampoco han fijado una posición concreta por lo que se refiere al fondo de la cuestión.

No le falta razón a Duran i Lleida cuando dice que se ha acabado con el espíritu de consenso de la Constitución. El pacto para esta reforma se hizo público antes de que la propia dirección del PSOE hubiera sido consultada, y sin que los otros grupos parlamentarios -a excepción del de Mariano Rajoy- supieran de qué iba la cosa. Tampoco le falta razón a Duran i Lleida cuando dice que, probablemente, por respeto a la ciudadanía, los diputados debieran pedir la convocatoria de un referéndum. Como tampoco le falta razón al diputado Carles Campuzano, el más explícito del Grupo catalán en relación al fondo de la cuestión, cuando dice que la estabilidad presupuestaria no necesita de su cristalización en la Carta Magna.

En cualquier caso, leyendo las crónicas que se han hecho al respecto, y las conversaciones que uno va teniendo, tampoco se entiende el papel de la Ejecutiva del PSC que, pese a ser crítica en su mayoría con la reforma de la Constitución, aprobaron por asentimiento el apoyo de los 25 diputados socialistas catalanes a la reforma que nos ocupa. Laia Bonet y Jaume Collboni, cuenta la prensa, decían que sería de recibo complementar el proceso con una consulta a la ciudadanía, por ejemplo. Asimismo, Marina Geli, dice en Twitter, que es una reforma que “no queríamos” y que “ha sido impuesta para comprar deuda“. Otros, que son la mayoría, se limitan a decir que se trata de una cuestión de “urgencia y excepcional”. En privado, sin embargo, sobre todo coinciden en que el proceso debería haber sido distinto, porque a las instituciones democráticas se les está haciendo un flaco favor. Seguramente, se debería hacer un esfuerzo añadido de explicación y liderazgo, pero quién lo debería hacer ya no tiene crédito, cuentan.

En el fondo, la mayoría están (o estamos) un poco superados por las circunstancias y, aunque no guste, hay más dudas que certezas. Los próximos meses, y años, parece que van a ser intensos por lo que se refiere a la redifinición del concepto de soberanía nacional, el papel de los Estados en la UE y la construcción, o deconstrucción, de la Unión, el Estado de Bienestar, etc… Y en esa línea hace unas semanas le preguntaba un compañero a un economista  si su prestigioso equipo de investigadores conoce alguna fórmula para sacar a Occidente de la crisis. ¿La respuesta? Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Inevitablemente, las dudas, siempre inquietantes, están presentes, ahora más que nunca, en nuestra toma de decisiones.

Canallas constitucionalistas

Rosemary, la guía que nos acompañó el viernes por la House of Commons, nos contaba con entusiasmo cómo era el sistema constitucional británico. “No tenemos Constitución”, dijo. La mayoría de turistas no lo entendían… ¿Una de las democracias más antiguas del mundo sin Constitución? Sencillamente, van un paso por delante. El cuerpo constitucional del Reino Unido está formado por un conjunto de leyes básicas que pueden reformarse según la circunstancia y no en base a un pacto firmado un día en el que ni siquiera la mayoría habíamos nacido.

En España es diferente. La Constitución la redactaron entre 5 personas, luego la votaron (yo y tantos otros no, por una imposibilidad metafísica) por abrumadora mayoría e incluso se aceptaron unos mecanismos de reforma que, repetidos e interpretados una y otra vez, venían a lanzar un mensaje claro: reformar la Constitución es más complejo que descubrir el sexo de los ángeles (¡todo sea por el bien de la democracia!). Pues bien, en dos días, en pleno verano, dos tipos han decidido que sí, que se va a reformar, que nada de preguntar a nadie porque no hace falta y que la democracia, en el fondo, depende de un pacto entre dos personas. Y de aquél ente abstracto que nos sugiere la reforma, vaya.

¿La conclusión? Zapatero podría pasar también a la historia por haber sido presidente en una legislatura en la que se ha pervertido el espíritu democrático con el que se había hecho la Constitución, a menos así lo dice el marketing. Primero fue el Tribunal Constitucional con su sentencia en relación al Estatut y, ahora, el propio Gobierno proponiendo una reforma (que más allá del fondo, chirría en la forma) que no estaba prevista, sobre la que no ha habido ningún debate previo ni si quiera en los propios partidos y que está dando la razón a los que ya sea en los riots de Londres o en el 15M en Madrid o Barcelona dicen que nuestro sistema, de democrático, más bien poco.

Mañana, si no cambia el planteamiento inicial de la propuesta, cuando Stiglitz o Krugman digan que la contención del déficit es peligrosa para la propia economía estarán promoviendo algo inconstitucional. Pero, sobre todo, cuando mañana cualquiera diga que España es un Estado con un gran déficit democrático, donde los partidos ni si quiera debaten en su seno temas de gran trascendencia y que la poca confianza en la política es consecuencia de la propia política, no le faltará razón. Y no habrá excusas.

Incidir a partir del 20N

Mercè Pigem o Carles Campuzano, que a diferència dels seus companys de Grup Català al Congrés, votaren a favor de la llei que permetia la unió entre persones del mateix sexe, fiquem per cas, són un clar exemple d’aquesta gran habilitat. També podria ser un bon exemple la presència del diputat Sixte Moral, com a diputat adscrit al Grup Socialista, independentista i, per tant, amb una sensibilitat ben diferenciada en relació als seus companys.

No obstant, la capacitat de condicionar i representar els seus electors d’uns i altres són diferents… I no ho és per una manca de voluntat personal, en aquest cas, del diputat Moral, sinó per la manca d’incidir i visualitzar aquesta incidència del partit del qual és militant, mitjançant els mecanismes oportuns, en l’estratègia comú del Grup parlamentari que, a hores d’ara, ostenta la majoria al Congrés.

Fragmento de un editorial de Deba-t.org en relación a la capacidad de incidir de los diferentes partidos catalanes en el Congreso de los Diputados

Ilegalizar Bildu, un error

En los últimos días Deba-t.lab (el área de estudio e investigación de Deba-t) ha venido reflexionando alrededor del proceso de ilegalización de Bildu. De alguna manera, se viene a concluir que, conceptualmente, chirría la imposibilidad que tiene una coalición de partidos articulada entorno a la figura de Eusko Alkartasuna (EA), partido del que proviene el primer presidente autonómico del País Vasco, de presentarse a unas elecciones. De hecho, más allá de los juicios de valor -consecuencia de una valoración meramente política-, es interesante reflexionar sobre los argumentos jurídicos que han llevado a la ilegalización de la coalición de partidos independentistas.

La Ley de Partidos, eficaz

Siempre he entendido -y de ello hablé en el libro 439 días. De cómo Zapatero buscó la paz- que la Ley de Partidos ha tenido consecuencias muy positivas, en tanto que ha asfixiado a ETA, y que, durante este tiempo, los independentistas vascos han tenido la opción de votar a un ejemplar Aralar, que nació precisamente por la voluntad de determinados sectores anteriormente vinculados a Batasuna de desprenderse de la violencia y avanzar por la senda de la democracia. Ahora bien, una vez demostrada que con esa ley no se ilegalizaban ideas, y el evidente avance hacia un escenario protagonizado por la libertad, de aquellos que hasta hace no mucho tiempo también iban armados, no debe cegarnos la ira que protagonizó tantas horas en tertulias durante el último fallido proceso de paz.

Al contrario, una vez más, podríamos habernos situado ante un escenario determinante a la hora de culminar un proceso que, ni por el contexto histórico, ni por su propia razón de ser, tiene ningún tipo de viabilidad. Ahora bien, olvidar que el terrorismo no es una acción delictiva cualquiera, dado su apoyo social, es también un error. Que la gente que lleva armas decida dar evidentes pasos -no hay antecedentes en la historia de ETA- para su disolución definitiva, debería provocar otro tipo de reacciones.

Breve aproximación jurídica

Por lo que se refiere a la decisión del Tribunal Supremo, habría que destacar que la jurisprudencia del Alto Tribunal y del Tribunal Constitucional han construído la figura del ‘contraindicio’ que, según palabras textuales del voto particular, viene a significar que ‘el rechazo de la violencia y del terrorismo’, cosa que hace Bildu, ‘neutralizará los demás indicios, que no hechos’ que puedan llevar a la ilegalización de un partido, como ha ocurrido en este caso.

Aún así, más chocante es todavía que en ninguno de los recursos presentados se hace referencia a los cuatro supuestos que pide la propia Ley de Partidos para ilegalizar a un partido político o que los recursos presentados tengan errores imperdonables, como por ejemplo “pretender que el candidato número 4 al municipio de Villarreal de Álava/Legutio fue candidato de la Plataforma Itzarzu en 2003, cuando en esa fecha era un menor de edad; o afirmar que el candidato número 10 a las Juntas Generales de Guipúzcoa fue identificado en 1996 como simpatizante de Batasuna, cuando en dicha fecha Batasuna no existía (nació casi cinco años después)’, tal y como indican algunos magistrados en su voto particular. Algunos ejemplos que vendrían a reforzar la posibilidad de que en los próximos días el Constitucional fallara a favor de la coalición independentista, pues parece que a algunos magistrados les ha cegado más el prejuicio y las prisas, que el análisis pausado y la aplicación de derechos y libertades fundamentales.

‘El que a hierro mata a hierro muere’

No estaría de más, pues, reflexionar detenidamente sobre el tema. Batasuna no era Sortu y Sortu no es Bildu, más allá del nombre. Y de hecho, en conexión con otra cuestión de actualidad, tampoco estaría de más recordar las palabras de aquel editor de periódicos que decía hace cosa de 20 años, y ahí están las hemerotecas, que ‘el que a hierro mata a hierro muere’.

Esta persona, tiempo después, destapó la guerra sucia del Estado con los GAL. Pues bien, ¿alguien podría poner sobre la mesa las diferencias entre esto último y lo que acaba de hacer el Gobierno de Estados Unidos en relación al ‘terrorista más buscado del mundo’?

[artículo original publicado en LA VOZ DE BCN]

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