Oxigenar el parlamentarismo… ¡Y la democracia!
Es tan y tan sano y necesario que haya diputados como ella…
A coste cero, demanda infinita
Artur Mas dijo en los discursos de su investidura que no se mostraba favorable al llamado copago sanitario. Sin embargo, el recién nombrado Conseller de Sanidad, sí. ¿Y qué es exactamente? Unas palabras de este último de hace unos meses lo resumen muy bien: “No tiene sentido que los medicamentos que se toman en los hospitales sean gratuitos y, fuera, cuesten un 40%. La intención es recaptar tasas, si no instaurar un uso racional del sistema”, decía.
Respondiendo a un liberal
A raíz de un artículo que publiqué ayer en prensa, hoy me han llegado varios correos cuestionando los servicios públicos de sanidad y educación. Un empresario, autoproclamado como liberal, me ha hecho varias preguntas:
- “¿Por qué tengo que pagar la sanidad de los inmigrantes?”.
Si España no garantizara la universalidad de la sanidad, algunas de estas personas venidas de fuera, podrían por ejemplo, cultivar diversos y variados tipos de enfermedades en nuestro país (de tipo tropical, por ejemplo). Acabaría perjudicado.
- “No, porque si no les pagáramos la sanidad no vendrían”.
Sociológicamente la afirmación no se sostiene por ningún lado. En EEUU la sanidad no es universal y siguen llegando inmigrantes cada día.
- “Vale, entonces que el servicio público cubra tan solo las enfermedades contagiosas”.
De acuerdo, entonces vamos a contribuir a varias cosas: la gente morirá antes y por tanto no se podrá sostener el sistema de pensiones (” da igual, tengo un sistema privado de pensiones”), la humanidad se acabará extinguiendo y la empresa que dirige algún día acabará no teniendo trabajadores (“me da igual, mientras no pase mientras sea yo el propietario, lo cual es improbable”, si su trabajador se rompe la pierna no podrá ir a trabajar…
- “Entonces lo despediré”.
Bien, pero teniendo en cuenta que deberá indemnizarlo, quizá no le interese económicamente cada vez que le pase a un trabajador suyo. El sistema privado de pensiones podrá quebrar en cuanto la población empiece a envejecer como consecuencia de la mortalidad alta de la humanidad y, quizás, es cierto… Mientras usted viva, la humanidad no se extinguirá. Entiendo que le da igual si eso pasa cuando esté su hijo, el que estudia en Harvard, por ejemplo.
- “A ver… Lo que discuto es el sistema. Yo no tengo porque pagar a un trabajador que no puede hacerlo porque está cojo. Lo despido y ya vendrá otro a sustituirlo”.
Vale, pero teniendo en cuenta que no le va a pagar la sanidad a nadie y que la posibilidad de romperse algo durante la construcción de una casa es alta… ¿Va a sostener la empresa siempre que quiera?
- “Insisto, el que no pueda trabajar que se vaya”.
Sí, y si no que vengan inmigrantes no cubiertos sanitariamente, sin papeles y que no se quejenn… Hasta el día que vaya a verlos y coja usted la gripe.
- “No, no quiero inmigrantes… Además, no tengo tiempo para ver todas mis obras. En todo caso, que se creen barrios para ellos, como en EEUU, y así evitar el contagio. Pero, ¿ por qué tengo que pagar el colegio público de estos inmigrantes o el del hijo de la panadera? Durante gran parte de la historia la gente no iba al colegio y no se ha acabado el mundo”.
Bueno, un pueblo analfabeto no tenía muchas dificultades para aceptar un poder tirano. Pero, ¿de verdad que es mejor no hacerlo? Vale… Entonces estará dispuesto a pagar las consecuencias. Un país analfabeto, unos altos indices de delincuencia (proporcionalmente vinculados a los indices de analfabetización), un sistema tirano no garantista que pueda expropiarlo… Ahora bien, por favor, ponga el mismo empeño en criticar la educación pública como la concertada, la de los curas. ¿Por qué tengo yo que pagar para que enseñen a unos curas, cuando no comparto su doctrina?
- “Mire, a mi me da igual si hay delincuencia, porque en mi urbanización hay buenos sistemas de seguridad. Además… ¿por qué tengo que pagar a la Policía, si tengo guardaespaldas?”.
Veo que tiene mucho dinero, entonces. ¡No hay muchos como usted! Tiene suerte, porque si usted es consciente de las consecuencias que tiene lo que plantea, la mayoría de los que defienden su postura no tienen ni idea (ni dinero). Perfecto, usted tiene seguridad privada… Y, entiendo, que le da igual regular las fronteras con Policía, porque a usted no le van a hacer nada (excepto trabajar en su empresa si lo necesitara), no le van a contagiar nada (porque, en todo caso, los quiere encerrar en zonas para ellos), no le importa que haya terrorismo (porque sus guardaespaldas ya se encargarán de dar su vida por usted…) ¡En fin! Está curado de todo espanto.
- “Sí”.
Mire, mientras estábamos hablando su empresa constructora ha quebrado… Sus hijos ya no irán al colegio privado, ni al hospital clínico más caro del país. Es más, la deuda acumulada le dejará en esta situación durante varios años. Ahora es cuando pide a los demás que seamos solidarios y quiere un Estado garantista… Ahora entro yo en su dinámica. ¡Me acaba de tocar la lotería y no pida que la comparta!
Ser de izquierdas
El Estado es hipócrita cuando dice que la sanidad pública es de calidad (que lo es), mientras sus trabajadores tienen una mutua privada. También es hipócrita el político progre que dice que la inmigración solo aporta ventajas y vive en el Barrio de Salamanca o en Sarrià.
El que dice que es comunista y viste de Armani también es hipócrita, como también lo es el que dice ser socialdemócrata, es el máximo responsable de un Gobierno autonómico, defiende el sistema educativo que dirige y lleva a sus hijos a un colegio privado. También es hipócrita decir que eres de izquierdas y tener una visión liberal de la educación.
Sin embargo, no es hipócrita ser presidente de un Gobierno, ser socialdemócrata y llevar a tus hijas a un colegio público. Tampoco es hipócrita ser ministra de un Gobierno, ser socialdemócrata, y que tu hija nazca en un hospital también público. Ser de izquierdas no es fácil. Ser hipócrita, sí.