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Recortando el derecho a patalear

Que haya un Congreso simbólicamente rodeado por miles de personas merece una respuesta más inteligente que construir antidemócratas a base de palos. Al fin y al cabo, más de un 70% de los españoles han apoyado la protesta: mis vecinos, por ejemplo, no votarán dentro de unas semanas (pese a ser de los que corrieron delante de los grises para que yo pudiera hacerlo) porque la indignación ya da paso al desapego, y la frustración, a la ira.

Mientras, la delegada del Gobierno en Madrid ha tenido la ocurrencia de que hay que «modular» el derecho a manifestarse (o sea, regularlo para que nadie moleste más de lo necesario) y en Catalunya estamos hablando todo el día de la independencia (el medio) pero no del Estado del bienestar (el fin y la diferencia entre vivir o sobrevivir). Supongo que, por lo menos, en nuestra nueva Ítaca no quitarán el derecho a patalear y ( oh, wait! ) no cobrarán por llevar el tupper al colegio.

El éxito del independentismo está en generar ilusión en un mundo oscuro. Pero, ojo, las frustraciones se pagan caras. Los planteamientos religiosos con los que Artur Mas , hábilmente, está abordando el debate podrían salirnos caros. La bandera de Catalunya es una cosa muy seria como para que solo sirva para esconder vergüenzas propias. Dentro de dos años no sé si nuestro país será más independiente (¡ojalá!), pero todo indica que seguiremos pagando la deuda a costa de recortar.

La normalidad con la que, en nombre de la voluntad popular, se dice que, legal o ilegal, se hará un referendo sobre la independencia choca con lo disparatado que parece plantear una consulta preguntando si queremos seguir pagando la deuda a costa de ahogar a miles de familias o preferimos desafiar a una UE que no se puede permitir nuestra caída. Legal o ilegal, ambas cosas se fundamentan en lo mismo: aquello que consideramos justo.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Si Rajoy y el PSC fueran inteligentes

Que lo del martes no es un cuento de hadas, un sueño de pocos o una simple manifestación de fin de semana, lo demuestran algunas reacciones que dentro y fuera de Catalu-nya tuvo lo que ya consideramos un día histórico. El PSC ya habla del derecho a decidir (lo ha hecho el presidente del grupo parlamentario). Y la prensa en Madrid se divide en dos, entre aquellos que piden al Estado consideración con Catalunya (ya lo podrían haber dicho hace dos años) y los que empiezan la estrategia del miedo al verlo como un probable punto de no retorno.

Si Rajoy fuera inteligente -que es una posibilidad– y quisiera preservar lo que él llama la «unidad» de España, debería aceptar el pacto fiscal y, ya que a él le gusta presentarse al mundo como el gran reformador, promover una histórica reforma constitucional donde el encaje territorial quedara, por fin, felizmente resuelto. ¿Improbable? Asimismo, si el PSC fuera inteligente -que también es otra posibilidad– y quisiera tener legitimidad para seguir hablando del federalismo (el federalismo son los padres, ya lo saben), debería ir el lunes al Parlament y pedir un referendo para saber si la gente quiere o no separarse de España. ¿Improbable?

En caso contrario, esta transición que Catalunya (y España) necesita quedará capitalizada básicamente por un partido que, superado por las circunstancias, será quien acabe determinando el rumbo del país. Con las ventajas o inconvenientes que eso tiene. El independentismo, señalabaJosep Ramoneda, tiene la gran virtud de ser el único proyecto propiamente político al que aferrarse en nuestro entorno en estos momentos. Y ante ello no cabe la posibilidad de verle simples desventajas o desprestigiarlo sin más, sino que hace falta entender, comprender y saber reaccionar desde dentro y desde fuera.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Histeria

No me he podido resistir. Escribir periódicamente requería cierta disciplina, pero… Hacía mucho tiempo que no encendía la televisión y, una vez cometida la imprudencia, todo se puede resumir en una histeria colectiva de la que no quiero ser partícipe. Probablemente, de hecho es así, estamos inmersos en una crisis de alcance inimaginable. Ahora bien, seguro que hay luz al final del túnel.

Días atrás, un matrimonio italiano-argentino comentaba en el tren como en Italia los medios de comunicación, en manos de quien están, no hablaban del fuerte impacto que tenía para ese país la crisis económica, y como en España los mismos medios de comunicación estaban creando una especie de histeria colectiva. La crisis es económica, financiera, laboral… El futuro es incierto. Pero la crisis también es de confianza.

Que agencias privadas internacionales condicionen nuestra manera de vivir me inquieta. Que los mercados internacionales sean quienes obliguen a los Estados a ser cómplices y ayudarles primero, y a estar a su dictado, después, también me preocupa. Que la gente no consuma, pese a que pueda hacerlo, consolida otro problema. Que los funcionarios se sean obligados a ir a la huelga, en un momento en el que no queda otra, también me entristece. Que el primer partido de la oposición no tienda la mano al Gobierno (al dictado de organismos internacionales) me parece irresponsable… Y por eso mi generación tiene la oportunidad de cambiar, sino de paradigma, la estructura al completo. Pero, por favor, que no haya histeria…

De la anécdota a la categoría…

Que a la gente no le interesa la política no es cierto. En todo caso, le aburre… A casi todo el mundo le interesa que haya transporte público, cobertura sanitaria, subsidio por desempleo, calles, farolas, Policía, que haya una ley que respete una intimidad que no se tiene… Eso también es política. Sin embargo, el ciudadano medio de Benidorm, por ejemplo, ahora mismo debe experimentar dos sensaciones contrapuestas: la preocupación por el mal uso que se le deben dar a sus impuestos y el aburrimiento producido por un teatrillo propio del sur de la Italia berlusconiana.

Los concejales del PSOE se dan de baja de su partido. Ya no son compañeros de Zapatero y ya no incumplen la ley antitransfuguismo en caso de aceptar el voto de un concejal enfadado con los suyos. Total, cuando actuan como tal, no pertenecen a ninguna formación política. Mientras tanto, Rajoy critica el fariseismo de esos concejales de pueblo grande y se olvida que él apoyó el ascenso de Zaplana en la misma ciudad utilizando un método similar.

Los dos grandes partidos protagonizan, una vez más, un espectáculo no muy propio de esa España moderna de la que se presume… Por suerte, en algunas Comunidades Autónomas, como en Cataluña, cuando elegimos al presidente del Gobierno tenemos alternativas, a izquierda y derecha, y no estamos obligados a escoger entre dos modelos que generan dinámicas tan equivocadas y, en definitiva, tan dañinas para las bases de nuestra democracia. Con la convicción de que Zapatero ha aportado un granito de arena en consolidar la parte social del Estado español, no dejo de criticar a ese hombre con poca experiencia, pero con muy buenas intenciones, que ha tenido la suerte de tener al peor líder de la oposición de los últimos años.

Rajoy se marca un tanto…

…aunque no hace falta exagerar. El PP ha subido tan solo dos escaños en Galicia, suficiente, eso sí, para echar por la borda a un bipartito que no generó la ilusión, ni el cambio, que podía esperarse (ojo, señores del PSC…). Por lo que respecta al País Vasco, cualquier opción que cambie las dinámicas será buena . ¿PNV junto al PSE? Es una fórmula que se ha utilizado otras veces, ¿y ahora? No hay que olvidar que los nacionalistas son  socios de Zapatero en el Congreso y no sé hasta qué punto estos dejarían que hubiera cambio manteniendo las mismas condiciones en Madrid. ¿Entonces? Lo del Gobierno en minoría no es tan mala opción… Al fin y al cabo, en el PP, cuya derrota en el País Vasco también debería ser analizada (¿recuerdan la matraca del PP en política antiterrorista?), dicen que apoyarán la investidura de Patxi López. Ahora bien, las cosas se complican… Rajoy sale de estas elecciones legitimado dentro del partido  y el PSOE, que ha perdido en Galicia, dependiendo de como vayan las cosas en Euskadi dejará de tener apoyos en el Congreso.

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