“Catalunya no tiene que pagar la fiesta de los demás”

La frase es de Dolors Montserrat, candidata del PP a las elecciones del 20N. El martes de la semana pasada moderé un debate organizado por de Deba-t.org en la Universitat Pompeu Fabra con los candidatos de los partidos catalanes a las próximas elecciones generales. ¡Os paso un video-resumen!;)

CIU ya ha ganado

El 20N tenemos que conseguir el mejor resultado para el catalanismo“, dicen en CiU. Y estoy de acuerdo… Sin embargo, hay un matiz importante; el catalanismo no está exclusivamente en manos de los chicos y chicas del equipo de Duran. El catalanismo también está en el PSC, no hay duda. Pero con otro matiz; éstos no han sido capaces de que se visualice públicamente. Y otro matiz más; que Convergència i Unió haya sido capaz de crear la imagen en nuestro imaginario, con la ayuda del nombre de su grupo parlamentario (Grupo catalán en el Congreso), de ser los únicos diputados que defienden los intereses de los votantes de las circunscripciones por las que se presentan (las cuatro de Catalunya) es un éxito propio, pero también un fracaso manifiesto de los socialistas catalanes.

Tanto es así, tan manifiesta es la victoria del partido de Mas en la construcción de un relato que marca el debate político en Catalunya que, de momento, ya han ganado. Han ganado, no porque hayan llegado al Ayuntamiento de Barcelona después de más de 30 años (algo que debería ser asumido con normalidad), o porque hayan vuelto a la Generalitat, sino porque es Convergència (y Unió) quién está poniendo sobre la mesa del debate político las preguntas que otros van respondiendo con naturalidad. CIU acusa al PSC de no tener grupo parlamentario propio en el Congreso… Y los socialistas se cuestionan si lo necesitan. CIU dice que hay que negociar un nuevo pacto fiscal… Y los socialistas buscan una alternativa. Y así sucesivamente…

Mientras tanto, nadie habla -más allá de proclamar a los cuatro vientos la necesidad de hacer una reforma laboral, ser austeros o incrementar la productiviblablabla…- cómo y con qué mecanismos concretos hay que sacar a Catalunya, a España, a Europa y al mundo occidental de una crisis económica que dependerá, solo en parte, de la configuración que tenga el Congreso a partir del próximo 20 de noviembre.

La dignidad del muerto

Hay un extraño síndrome, que no sé si sirve para ilustrar la expresión Spain is different o, por el contrario, es aplicable a nivel mundial. Se trata de un fenómeno en el que las personas, una vez muertas, adquieren otra dimensión y pasan a ser mucho mejor valoradas que en vida (algunos hubieran agradecido que fuera justo al contrario). Algo así pasa también en la vida política…

Adolfo Suárez fue el presidente más atacado por propios y extraños mientras gobernaba. ¿Y ahora? Un referente. Felipe González era un hombre poco transparente. ¿Y ahora? Eso sí que era un hombre de Estado y no lo que tenemos… ¿Y el president Pujol? Se creía que Catalunya era suya… ¿Y ahora? Eso sí que era sentido de la responsabilidad… ¿Maragall? ¡Vaya espectáculo! ¿Y ahora? Comparado con Montilla, de lo mejor… Pues bien, con el president Montilla también está empezando a pasar lo mismo. Era indigno para Catalunya hasta que hace dos días el nuevo president, Artur Mas, ilustró muy bien el título de esta nota. El nuevo president dijo que Montilla estaba haciendo un traspaso de poderes muy digno y que su presidencia había ilustrado muy bien una de las mayores apuestas de la Catalunya de Pujol: la integración y el ascensor social. Tanto es así que le felicitó y cogió el testigo de las buenas obras de su Govern.

Montilla, a diferencia de Pujol con Maragall, estará mañana en la ceremonia que terminará por nombrar president a Artur Mas. Un gran gesto de dignidad. Tanto es así que también Mas le reconocía, hace unos días, el excelente trato que había tenido con él estos años en privado…Y tanto es así que el círculo del nuevo president ahora, no antes, se deshace en elogios hacia el hasta mañana president Montilla.

Decía hoy la Consellera Marina Geli que es una pena que empiecen a reconocer a Montilla una vez muerto, (políticamente hablando, se entiende). Sin embargo, no sé de qué se extraña. La única excepción que se me ocurre es la del presidente Aznar. Y quizá tenga algo que ver en que no haya muerto o haya quién tema su resurrección.

Montilla no es tan tonto

A la primera de cambio se retiró de la mesa de negociación y, luego, después de protagonizar un debate donde destacó por no brillar en exceso (sí, es un eufemismo) el president Montilla, simulando que lo arriesgaba todo, retó a Artur Mas a verse las caras, a solas, y frente a las cámaras. Mas, que tiene fama de chulo, le dijo que sí, que ahora mismo. ¡Oh! ¡Pobre Montilla! Artur Mas pecó de arrogancia… ¡Pero no! Propuesta envenenada, dicen. Algunos ya sabían que la ley electoral prohibe hacer un debate de esas características, sin avisar con unos cuantos días de antelación. ¿Quién ganó? Sí, el señor de las pocas palabras… ¡No es tan tonto! ¿Y mientras tanto? Mientras tanto, Alicia Sánchez Camacho se felicitaba porque si se hubiera producido el debate no se hubiese reflejado la pluralidad de Catalunya, y sus compañeros de Madrid, ya preparaban el próximo debate Zapatero-Rajoy para TVE… ¡Qué mundo tan cínico!

El futuro no está escrito

Dicen que el día 28, CIU ganará (una vez más) las elecciones, que el PSC tendrá el peor resultado de su historia (las frustraciones generadas entre quienes confiamos en ellos tendrán consecuencias -no hay mejor momento para reinventarse que en momentos de crisis, ¡suerte!-), que el partido de Joan Laporta, probablemente, consiga entrar en el Parlament (un Grupo Mixto formado por Ciutadans y ellos puede ser tan divertido como generador de crispación) y poco más. El PP y ERC se juegan el tercer puesto (los primeros, en cualquier caso, en caso de conseguirlo lo harán a costa de asegurarse, una vez más, que el 84% de los catalanes digan que nunca les votarían) y el resto de partidos extraparlamentarios no tienen posibilidades de tener un escaño.

Retroalimentación.

No es extraño. El sistema se alimenta a sí mismo… Las instituciones reparten desorbitadas subvenciones a los partidos parlamentarios para sus campañas (solo juegan en igualdad de oportunidades, entonces, aquellas formaciones que se presentaron hace 30 años), financian mediante suscripciones y subvenciones a algunos medios de comunicación que tienen la sugerencia (confirmado por el subdirector de un periódico de ámbito nacional) de no hacer caso a las noticias que generen aquellos partidos que puedan arañar algo de la estructura actual (más allá del pacto de no hablar en los informativos de los medios públicos catalanes de las formaciones extraparlamentarias, ni aunque generen noticia), en las encuestas de muchos medios ni si quiera se pregunta por la intención de votar a algún que otro partido, algunas formaciones pagan a determinados periodistas (también confirmado hace unos días por un alto cargo del Govern de la Generalitat) para orientar su opinión, y… En fin, que todo es previsible. Porque todo está bajo control.

¿Y si la mitad de la población votara en blanco?

Pues sí, probablemente todo es (pero no debería ser) así, al menos parcialmente. En cualquier caso, y es una cuestión ligada a la física, el futuro no está escrito… Y solo desde la convicción de que las cosas son como son por acción u omisión propia, todo puede cambiarse (si es que no nos gusta). Así lo creen en Iniciativa, que insisten a través de Twitter que “el futuro no está escrito”. O algunas formaciones extraparlamentarias, como es el caso de Alternativa de Govern, coordinada por Montserrat Nebrera (con quien no escondo tener un vínculo personal que me anima a ayudarla, sin tener ninguna vinculación con su partido, en aquello que me pida -que tampoco es mucho-) y que insisten, día tras día, en la necesidad de concienciar a las personas de que la soberanía es popular y que de ellas depende lo que pueda pasar (¡hay a quien le interesa eso de la desafección política!). ¿Habéis leído alguna vez el Ensayo sobre la lucidez de Saramago? De la noche a la mañana, sin que las encuestas advirtieran sobre ello, la población de la capital de un país vota mayoritariamente en blanco. La gente está cansada…  ¿Qué pasaría si toda la previsible abstención (48%) se tradujera en votos en blanco?

El cambio pasa por CIU

Probablemente, el cambio pase por CIU (en los próximos días ya haré algún comentario), pero también hay otros actores que  pueden ayudar a consolidar, al menos en esta pequeña parte del mundo (que espero que algún día sea políticamente independiente), un sistema del que no avergonzarse y, sobre todo, que pondere dos máximas que no son siempre referencia de muchos: libertad y justicia social. Lo más extraño es que a ninguno de los citados en este artículo se les ocurre decir que estos dos valores no están asociados a su forma de ver el mundo y, sin embargo, en ocasiones sus dinámicas son enemigas de lo que predican.

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