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El indiscutible derecho a decidir

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El Parlament de Catalunya aprobó ayer por mayoría la esperada declaración que culminará con la celebración de una consulta sobre la vinculación entre Catalunya y España. Hacer el referéndum sobre la independencia, vaya. De ello hablé por la tarde en Catalunya Ràdio con el periodista Cristian Segura y el Catedrático Pere Oriol Costa. Tres comentarios breves que me gustaría añadir:

  • ¿Día histórico? Soy escéptico, aún considerando absolutamente necesario que el referéndum se debe hacer por pulcritud democrática. El artículo de Albert Sáez lo sintetiza mejor: “Hay una patata caliente en el hemiciclo de la Ciutadella. Y una nueva centralidad política por definir. ¿Será la de Mas entre Junqueras y Duran? ¿Será la de Junqueras entre Mas y Navarro? ¿Será la de Navarro entre Mas y Sánchez-Camacho? Quien rompa los bloques llevará mano en la partida. Mientras, la declaración -a favor o en contra- no pasará de partido de ‘costellada‘”.
  • Para ser un día histórico, si lo fuera, es llamativa la división y tensión que hay entre los partidos del Govern (y en el propio Parlament, donde hay dos bloques). Los reproches de las últimas horas, evidencian la dificultad y complejidad del proceso. Probablemente, esté mostrando más madurez Joan Herrera, prudente y con la prudente voluntad de dialogar con el Estado y de consensuar desde Catalunya, que ERC (con demasiadas certezas) y, desde luego, que aquellos que en CiU han protagonizado las desafortunadas declaraciones de los últimos días.
  • Pero lo que es un fraude es lo que ha hecho el PSC. Pese a que cinco de sus diputados no han querido hacerlo, la posición oficial ha sido la de votar en contra. Es un fraude, en primer lugar, porque se presentaron a las elecciones a favor del derecho a decidir. Es un fraude en segundo lugar, porque hace unas semanas dijeron que se abstendrían en todas las votaciones relativas a este tema. Y es un fraude, en tercer lugar, porque como ha recordado Oriol Junqueras (ERC) ayer no estábamos hablando de independencia sí o no, sino de ejercer un derecho democrático que (¡y lo admitió su portavoz parlamentario!) reconoce a Catalunya como sujeto político soberano . La crisis del PSC se ha intensificado y, algunos, incluso dicen que su final se ha acelerado. 

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Salvajes a ambos lados

Nos llega la noticia de que en Grecia han tiroteado con un kalashnikov el despacho de su primer ministro. Desde luego es una salvajada, pero no sería extraño que episodios como el del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria , cuya muerte desencadenó la primera guerra mundial, lamentablemente podría repetirse –con todas las variantes 2.0 que se quiera– más pronto que tarde. ¿O acaso no estamos ya en una economía de guerra? Es una salvajada atemorizar a un representante público de esa manera, es una salvajada utilizar la coacción en un sistema que se presume democrático, es escandaloso saber que los kalashnikov también forman parte del paisaje europeo, pero… ¿Acaso no es una salvajada y es escandalosa la actitud propia de un dandy de los que, ajenos a lo que pasa en las calles, aplican rigurosamente medidas devastadoras, sin sentido y al servicio de intereses ajenos?

No le falta razón a David Fernàndez cuando dice que el minotauro insaciable son los mercados financieros (que tienen nombres y apellidos, por cierto). No le falta razón a quien piense que la empatía parece inexistente en las instituciones cuando en Catalunya, por ejemplo, llevamos unos días con el síndrome de los dos huevos duros (brillante escena de los hermanos Marx ) y no se ponga también el acento en generar un marco de esperanza vital (¿o una cosa lleva a la otra?).

Nos están inyectando escepticismo en vena. ¿Cómo quieren que teorice y hable de los brillantes sistemas que estudié si miro a mi alrededor y veo desilusión, rabia, poca esperanza y casi nadie dispuesto a evitarlo? ¿No se dan cuenta de lo que están haciendo con nuestras vidas? Lo que le ha pasado al primer ministro griego puede quedar en un hecho anecdótico, o no. Pero, desde luego, en Grecia –o aquí– ya hay muchas cosas y vidas que han trascendido a la historia.

[artículo original en El Periódico de Catalunya]

Más conscientes desde fuera

Cuando uno ve la condescendencia con la que durante muchos días se ha aceptado dentro del PP aquel famoso «que se jodan» por el que todavía nadie ha dimitido; o la lírica macroeconómica con la que se trata de solucionar lo que acaba poniendo en serios problemas a miles de familias (¿saben que determinados enfermos de VIH han dejado de recibir tratamientos?); uno empieza a entender que la conciencia social que en principio no estaba normalizada en la sociedad española, crece de forma inversamente proporcional entre la ciudadanía y dentro de las instituciones.

La última canallada conocida tiene que ver con la financiación irregular de CDC, sobre la que el president Mas no dará explicaciones en el Parlament gracias a ERC y sobre la que se están haciendo malabarismos sintácticos para justificar que, en cualquier caso, todo ha sido por el bien del país (¡como si reírse en la cara de los demás fuera divertido!) Sería una lástima, y un mal síntoma, que algo conceptualmente tan interesante como «la casa grande del catalanismo» acabe siendo «la caja grande del catalanismo», como me sugiere una buena amiga.

Ante todo esto, no podemos resignarnos y cumplir el papel de la protagonista de Melancholia . No podemos limitarnos a ver desde una silla cómo se acerca un meteorito que va a acabar destrozando el mundo, resignados y conocedores de una muerte prematura. Y por ello, no podemos dejar pasar mucho tiempo más a la hora de denunciar sistemáticamente las indignidades con las que estamos conviviendo y, sobre todo, no podemos renunciar a buscar colectivamente los incentivos que, ni que sea por una mera cuestión de supervivencia, necesitan tener aquellos que acaban decidiendo el curso de la historia para cambiar su forma de relacionarse con el mundo.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

La guinda podrida de un pastel

Cuando no es un rey que caza elefantes a deshoras ni un alto magistrado que veranea en Marbella a costa del erario público, es un político que no tiene ni idea de medios de comunicación y al que le colocan, nada más y nada menos, que en el Consell de l’Audiovisual de Catalunya. Esto es, en principio, el organismo regulador de la televisión y la radio de nuestro pequeño país o, si se prefiere vistas las dinámicas, una institución reguladora en la que acaban políticos que no consiguen una jubilación dorada en el Senado.

El nombramiento de Daniel Sirera ,expresidente del PP catalán como consejero de este organismo, es la guinda podrida de un pastel que en este caso tiene nombres y apellidos. En un momento en el que se pide ejemplaridad a la ciudadanía, determinados partidos no entienden que no pueden manejar el país como si de un cortijo se tratara. El desprestigio que están inyectando a las instituciones públicas acabará por matarnos.

Si Sirera es consejero de esta institución, cobrando un sueldo astronómico, no es porque sea un profesional del ramo. Empezó de joven siendo de AP cuando en Catalunya era una cosa casi marciana; fue presidente del PP catalán, después de echar a Josep Piqué con la ayuda de Ángel Acebes (ahora imputado en el caso Bankia); más tarde, renunció, antes de aterrizar Alicia Sánchez-Camacho, a ser reelegido presidente del PPC. ¿A cambio de qué? Ya tenemos la respuesta.

Que sí, que no todos los políticos son iguales. Que sí, que hace falta trabajar en la regeneración de la democracia. Que sí, que es el menos malo de los sistemas. Pero deberíamos ser conscientes de que los votos de CiU y PP que permitieron con este nombramiento que el CAC sea un organismo donde no hay ni un solo periodista son, ni más ni menos, los votos de la indignidad.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

La banca siempre gana

La fortaleza del movimiento 15-M ha demostrado de nuevo que si bien no ha servido ni de lejos para mejorar la situación política y económica en el último año, la conciencia social por fin ha dejado de hibernar. Aquellos que, aprovechando sus debilidades internas, quisieron desprestigiarlo desde el primer día, han quedado retratados y han mostrado de qué pie calzan. La indignación se ha generalizado y, de momento, nadie sabe o quiere frenarla.

Que las concentraciones se hagan frente a importantes entidades bancarias, y no tengan nada que ver con aquel patético y frustrado secuestro de un Parlamento, por otro lado, ya secuestrado, evidencia también la madurez de un virtuoso fenómeno social que debería ir más allá en la contundencia de algunas de sus protestas. Generar conciencia social es muy importante, pero encontrar los instrumentos que sean capaces de condicionar el curso de la historia, lo es todavía más.

En un momento donde, efectivamente, se demuestra que la banca siempre gana (a costa de rescatarla con nuestro dinero), el Estado del bienestar es cuestionado con absoluta naturalidad (como si no hubiera alternativa), tenemos un presidente del Gobierno que ni está ni se le espera (o, al menos, no abre la boca) y nadie es capaz de generar ninguna certeza sobre si mañana saldrá el sol, cuesta de entender por qué se acepta todo tal y como viene y solo sepamos quejarnos a base de gritos.

Cuando el poder político democrático sea capaz de hacer frente al poder financiero, cuando los gritos empiecen a romper determinados tímpanos, cuando las instituciones sean instrumentos al servicio exclusivamente del ciudadano o incluso cuando se explique qué es lo que provoca que ahora no sea así, entonces, y solo entonces, podríamos empezar a no hablar de un fenómeno generalizado de indignación.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

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