Los vascos no quieren mi sangre

El titular del post expuesto tal cual es pura demagogia, pero es cierto… Es sábado día 12 y son las cinco de la tarde. Acabo de llegar de Barcelona a Bilbao y junto a la estación encuentro un autobús donde se puede donar sangre. Hace más de 3 meses que no lo hago y entro… Relleno la ficha, me preguntan si es la primera vez que lo hago y tras esperar 10 minutos me dicen que no encuentran mi nombre en el fichero.

“Soy de Barcelona”, contesto. “Lo siento, pero no puedes… No hay un fichero centralizado y no vale la pena que dones si estás aquí de paso”. ¿Cómo? ¿Si soy de Barcelona no puedo donar en el País Vasco? “Lo siento”, insiste la enfermera. “No vale la pena”, sentencia…

¡La chapucera descentralización  de este Estado no contempla que haya un fichero centralizado de donantes! Mi sangre, abro el paréntesis de la demagogia, pese a tener el RH Negativo, como el de Sabino Arana, no sirve en Euskadi. Cierro paréntesis. Probablemente, en ese momento en otro lugar del País Vasco, alguien esperaba una trasfusión… “No vale la pena”, decía la enfermera…

Repsol y el nacionalismo

Los bienes básicos, desde una perspectiva socialdemócrata que yo puedo llegar a defender, deben estar gestionados y son exclusiva responsabilidad del Estado: la educación, la sanidad, el sector energético e incluso la vivienda… Sin embargo, una vez se acepta el juego del libre mercado, una vez se liberalizan esos sectores (y en el caso de Repsol se hizo durante uno de los gobiernos de Aznar), lo que es impropio es criticar que empresas no españolas formen parte del accionariado de esa empresa liberalizada y pedir responsabilidades al Gobierno de un Estado que anteriormente ha permitido esa situación.

No se puede entender, si no es desde una perspectiva nacionalista (de la que reniegan), que el Partido Popular (y Felipe González) se opongan a que una empresa privada rusa (que no es la pública Gazprom) forme parte del accionariado de Repsol, sobre todo si se tiene en cuenta que los mismos que critican esta operación, anteriormente no han criticado que Cepsa sea, en parte, propiedad de una multinacional francesa. Entiendo que si se quiere defender la españolidad de Repsol no hay nada mejor que sea el propio Estado español su propietario.

439 DÍAS en Madrid

El martes presentamos 439 DÍAS en el Centre Cultural Blanquerna, la Delegación de la Generalitat de Catalunya en Madrid. Fernando Berlin (SER y TVE), Eduardo Madina (PSOE) y Carles Campuzano (CIU) fueron los protagonistas del acto y explicaron casi todo lo que había que decir respecto a ETA, el proceso de paz, el nacionalismo… Resumir todo lo que se dijo es complejo, pero las ideas aportadas por cada uno de ellos, respecto a la necesidad del diálogo para acabar con ETA, la necesidad de que el PNV y el nacionalismo pase de ser excluyente a cívico (como intentó Josu Jon Imaz), teniendo a CIU como ejemplo, o lo difícil que se lo pusieron el PP y su entorno a Zapatero durante los 439 días que duró la última tregua, fueron objeto de comentario.

Gracias a Fernando, pudimos saber la opinión del libro del senador Iñaki Anasagasti (debate que continua todavía a través del blog de Berlin), que en ese momento se encontraba presentando un libro suyo en el País Vasco, y que lo que criticaba era la parcialidad de las fuentes de las que, según comenta, me serví en él para hablar del nacionalismo y felicitaba otras. A Anasagasti lo englobaría dentro del nacionalismo cívico y por eso quise compartir mesa con él (de hecho, fue el que me animó a presentar el libro en Blanquerna). Gracias a Rosa Jiménez Cano, de EL PAÍS, podemos ver un video de la presentación. La intervención de Eduardo Madina, víctima del terrorismo y diputado del PSOE, no pudo dejar indiferente a nadie, y las aportaciones sobre la definición de nacionalismo del diputado en el Congreso Carles Campuzano también recomiendo verlas en el video.

Se dieron cita allí varias personas y sólo puedo acordarme del nombre de algunas, de las que se acercaron y tomaron el cava catalán (que era la excusa perfecta para hacer la presentación) y con las que estuvimos hablando. Gracias por venir a Luis Solana, ex presidente de Telefónica; José Cuervo Argudín, delegado del Govern de la Generalitat; Gustavo Vidal, escritor masón; David Martos y Pilar Velasco, periodistas de la SER; Assumpta Baig, senadora del PSC; Sixte Moral, diputado en el Congreso del PSC y ex alcalde de mi ciudad (con el que coincidí en el AVE de vuelta); Ana Pastor, presentadora de 59″ de TVE; además de mis padres, algún familiar, amigo, bloggers, otros políticos y periodistas como Luis, Taqui, Ionela, Javier, Miguel, Carlos, Juan, Carlos, Macarena, Pablo, María, Pedro, Saioa, Consu, Iván… que se acercaron a Blanquerna. Algunos bloggers han hablado de la presentación como, por ejemplo, Javier Bouzas, Antonio Pulido, Jaume d’Urgell, Desde la Balaustra, Carles, Fernando o Rosa

¡Gracias a todos y cada uno de vosotros!

De Madrid al cielo

Acabo de ver con perplejidad un anuncio en televisión de la Obra Social de Caja Madrid en el que se vananglorian de que uno de sus proyectos consiste en, por una parte, la financiación de centros de maternidad (lo cual tiene un componente social y solidario ejemplar) y, por otra, que todos los niños que nacen en esos centros tienen como segundo nombre “Madrid”. La primera parte de la iniciativa es un ejemplo a seguir, pero no sé qué componente social tiene que haya un niño que se llame Pedro Madrid, Juan Madrid, Raimundo Madrid o Esperanza Madrid. O es una broma sin gracia (una metáfora apologeta), o no todo el nacionalismo es catalán.

Convivencia en Cataluña

El viernes estuve en Barcelona comiendo con gente del PPC, hice la sobremesa en el Congreso de Convergència y al final de la tarde estuve en la presentación de “Extranjeros en su país, presentado por Alejo Vidal Quadras y escrito por el diputado de Ciutadans Antonio Robles. Llegué tardísimo a Vilanova y no pude cenar con unos amigos. Sin embargo, pude estar luego con alguno de ellos. Hablé de política todo el santo día, lo cual cansa mucho (un punto a favor de los políticos), pero te enriquece (sobre todo si intentas debatir un poco).

Cuento todo esto, como podría explicar que yo llegué a Cataluña con 6 años y que a los 3 meses aprendí catalán y empecé a ver los dibujos animados de TV3, que en el colegio y el Instituto los profesores y alumnos hemos hablado castellano y catalán a diario, que a la hora del patio jamás se me ha perseguido ni a mi ni a nadie para controlar la lengua en la que hablábamos, que hablo bien el catalán, que he hecho los deberes y los exámenes en la lengua oficial que he querido, y que nunca he tenido ningún problema social por culpa de la lengua o del origen… Aunque no siempre ha sido así, a día de hoy en Cataluña la realidad es que hay una plena harmonía social, al margen de cuestiones nacionales (de entelequias), lingüísticas o culturales. Para muestra un botón.

Al final de la noche compartimos mesa en un chiringuito una chica que nació y vive en Granada, su novio (un chico que nació en Zamora y vive en Vilanova i la Geltrú, en Barcelona), otro que nació en Suiza y vive en Sitges (BCN), otro que nació y vive en el Penedés (BCN) y yo. Todos, que tenemos una media de 18 años, nos entendimos, y eso que no todos se conocían. Hablamos de la lengua, en las dos lenguas, de inmigración, de Sanidad, de nacionalismos y hasta del sionismo… Todos nos entendimos. Y el entrepà, sí, es un bocadillo. ¿Gelat? Un helado… Y no se multa a nadie por rotular en castellano y todos los niños saben hablar castellano y catalán cuando acaban la ESO. De haber problema es político y habrá que acabar con él…

Decía Ibarra, muy acertadamente, que el día en el que un catalán no sepa hablar en castellano firmaría manifiestos en defensa de la lengua. A día de hoy no hay alumno catalán que no sepa castellano. Y sino, se pueden comprobar los resultados de los exámenes de Selectividad. El mismo Albert Boadella me hablaba en una entrevista de lo que él decía que era la esquizofrenia catalana, que consistía, ni más ni menos, en ser capaces de mantener una conversación mientras uno hablaba catalán y el otro contestaba en castellano o cambiar de lengua sin siquiera pensarlo.

En Cataluña sólo tuve algún desliz, cuando, como demócrata que creo ser, defendí la legitimidad política de Ciutadans o cuando mi compañero José Luis Algar hablaba siempre en castellano en una radio municipal y le compararon con Losantos, ¡con lo rojo que es él!. Entonces, alguno me criticó más de la cuenta. Pero en fin, ahora otros prefieren llamarme españolista o catalanista y otros sociata . Será normal que te etiquen.

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