Negar la evidencia

La pluralidad de España se la creen cuatro postmaterialistas (bien, los únicos que hay). De hecho, cuando hace casi un año, en una comida con un dirigente de una multinacional y otras dos personas, el primero me habló de Catalunya y sus relaciones con España en los términos en los que lo hizo, empezó a decrecer mi fe (o confianza) en la España variada y rica de sus pueblos. Si él, y quienes le acompañaban, que, en principio, son de aquellos que más deberían entender qué es exactamente España (o que entiendo yo, todavía, por España), no estaban dispuestos a aceptar la articulación de un Estado plural donde hubiera una permanente interelación, ¿quién lo iba a hacer?  Mi experiencia, en parte, limitada, me invita a pensar que en el Partido Popular (¡sobre todo en las personas cercanas al presidente Aznar!) hay más conciencia en relación a Catalunya que la que hay en el entorno del presidente Zapatero, cuyos amigos me insisten en que él sí cree lo que dice. Yo no lo sé… No lo conozco, pese a que algunos todavía me vinculen a él.

Decir que el éxito del proceso de consultas (que conste que están hechas dentro de la legalidad, porque lo han hecho tal que actores privados hacen una encuesta) que se ha hecho en Catalunya en los últimos meses es nulo, es negar una evidencia. “Han ido a votar los mismos que ya sabíamos que eran independentistas”, dicen algunos todólogos en los medios. ¡Falso! Entre otras cosas porque (y reconocerlo me estigmatizará ante algún grupúsculo nacionalista) cuando tuve la oportunidad de votar en mi pueblo, hace ya tiempo, decidí no hacerlo… Y como yo tantas otras personas que, sin duda, si hubieran tenido la capacidad de ver el efecto que podría haber tenido su voto (teniendo en cuenta que es una consulta no vinculante) hubieran ido a votar. Como simplificación: la imagen de un amigo, que en el pasado había votado retieradamente al PP, y que hace unos días votaba anticipadamente… Y afirmativamente. U otra… ¿Qué hago yo defendiendo ante una mayoría de lectores no catalanes y en castellano la independencia?

Ayer concluyó un proceso como consecuencia de la excelente articulación de una sociedad civil muy implicada políticamente y preocupada por su entorno (¡para que luego digan que hay desafección!), que ha dado un paso (que no ha sido en falso) y ha forzado un debate que algunos quieren evitar (con la misma maestría con la que lo está haciendo Solidaritat y Alfons López Tena)… La capacidad de las, en principio, minorías, de forzar un debate entre las mayorías, ha sido siempre la clave en todos los países que se han querido independizar (políticamente, porque lo que es a nivel económico…). Del mismo modo que la actitud de las instituciones (ya sean públicas, o ya sean medios de comunicación) en relación a la negación de las diferentes realidades ha sido determinante a la hora de levantar una conciencia colectiva, basada en principios liberales y democráticos, en relación a aquél Estado que les quiere negar algo tan básico, y tan grandilocuente, como lo es el derecho a decidir.

Malherido

Febrero de 2008. Hacía pocas semanas que había entrevistado a un diputado de CIU, que decía que con el Estatut vigente alguien como él podía sentirse cómodo, y que al acabar la entrevista me preguntó si conocía a Guillem. No tenía el gusto… El susodicho vio referenciada en un periódico catalán una entrevista que yo mismo había hecho semanas antes a otro parlamentario y le parecí un personaje curioso. Gracias. Días después, a través del diputado convergent, nos conocimos… Intensa comida, en la que me hizo pensar y cuestionar muchas cosas, y donde él pronosticaba que yo acabaría siendo independentista. Por aquel entonces, yo hablaba de la España plural enmarcada dentro de un Estado federal, respetuosa con las naciones e identidades que forman parte del que todavía es nuestro país; quería estudiar periodismo y estaba a punto de publicar 439 días (cuyo contenido sigo defendiendo).

Julio de 2010. No ha pasado tanto tiempo. Poco más de dos años. Mucho, y cruciales, en alguien que solo tiene 20… El Tribunal Constitucional dicta una irresponsable sentencia sobre el Estatut sobre el que preguntaba en 2008, estudio Ciencias Políticas porque así me lo recomendaron Guillem y Jordi; y Guillem, el mismo chico al que no conocía y que empecé a admirar a los pocos segundos de saber cómo era y qué hacía, vive conmigo. Mi vida, desde luego ha cambiado. El panorama político, en lo que a las relaciones Catalunya-España se refiere, también.

Pero, insisto, no es la sentencia… Es lo que hay detrás de ella. Fuera de Catalunya nadie ha cuestionado su legitimidad, ni nadie ha pensado en las frustraciones creadas o la irresponsabidad de los miembros del TC al escribir esa novela (con forma de sentencia) que recuerda a las arengas de Queipo de Llano. Se ha demostrado que la España plural, en todo caso, solo existe en Catalunya y Zapatero ha dado por concluido el proceso de evolución autonómico. La voluntad de federarse básicamente está en Catalunya y lo de las federaciones, como los matrimonios, depende de más de uno…

No había diferencias en las aproximaciones que la prensa madrileña hacía estos días. ¡Incluso Público ha dicho que aquí no ha pasado nada! Pero sí ha pasado… Los que creían en la España, una, grande y libre, están contentos, los que creían en una Catalunya independiente tienen la excusa perfecta y los que dudaban del alcance del Estado de las autonomías se han quedado tranquilos. Los grandes perjudicados, a los que más nos han frustrado, a los que más nos han herido, los que más engañados nos hemos sentido, somos aquellos que creíamos, porque el marco teórico explica que es el modelo ideal de convivencia, en la España federal.

No hay voluntad. Unos recortan derechos y otros callan. Y el que calla, ya saben, otorga. Para cambiar nuestro marco legal, poco respetuoso con algunos preceptos democráticos, hace falta el apoyo del Partido Popular… Y por mucho que mi admirado Miquel Iceta siguiera esta mañana insistiendo en la necesidad de modificar la Constitución, hay media España que está en contra, y otra media que no está por la labor.

“La hora de la política”

No es que no me quiera mojar. Al contrario. Citando este artículo de Josep Ramoneda creo que está todo dicho. Ahora bien, en un mundo donde todo va tan deprisa, entenderéis, quiero algo de reflexión…

La manifestación de reafirmación catalanista y contra la sentencia del Estatuto reunió a un número ingente de ciudadanos en el centro de Barcelona, con ganas de decir de forma tranquila que Cataluña existe como nación política. Con este exitoso acontecimiento terminó la fase de los rituales. Y empieza la hora de la verdad política. La indignación serena que los ciudadanos expresaron en la calle es un sentimiento que surge cuando la gente se siente atropellada y que está en el origen de los grandes cambios sociales. La tarea del día después es darle traducción política. Si la sentencia del Constitucional marca el cierre del Estado autonómico, como es opinión extendida en Cataluña, ¿cómo traducir la respuesta ciudadana en políticas adecuadas para la nueva etapa que esta manifestación abre? Esta es la tarea que tienen por delante los partidos políticos y que debe guiar su comportamiento en la inminente campaña electoral catalana. Si los partidos, por una vez, fueran capaces de hacer una campaña electoral más política que propagandística, de las urnas podrían salir las alianzas adecuadas para poner en marcha la agenda compartida que la situación requiere.

Hay quien piensa que habría sido mejor que la sentencia no llegara en vigilias electorales. No estoy de acuerdo. Es precisamente la gran oportunidad de cambiar las inercias. De constituir mayorías o alianzas mayoritarias fuertes capaces de tomar la iniciativa. A Cataluña le ha llegado la hora de afrontar el futuro por sí misma.

Se han oído voces en Cataluña y fuera de Cataluña que dicen que las manifestaciones son gestos inútiles, expresiones de impotencia. No es verdad. La manifestación del 11 de septiembre del 77 está en la mente de todos todavía y sin ella la Transición probablemente habría sido distinta. Las movilizaciones contra la guerra de Irak cambiaron el curso de la política española. Y la manifestación de este 10 de julio puede tener un papel determinante en el futuro inmediato de Cataluña. No vale la demagogia de que el lunes la vida volverá a la rutina de siempre y los catalanes se irán de vacaciones como cada año. Naturalmente, nadie ha llamado a la insurrección. Se trata simplemente de comprometer a los partidos políticos a encontrar la hoja de ruta adecuada para que, con decisión, y sin rodeos innecesarios, Cataluña pueda alcanzar el autogobierno que se le niega. Lo que requiere mucha política, mucho pacto entre los partidos catalanes para la acumulación de fuerzas, mucha confrontación ideológica, en el sentido más noble de la palabra, hasta la configuración de las mayorías necesarias para emprender cambios de envergadura.

Se nota en algunos medios de comunicación conservadores cierto desdén, en el sentido de que una vez agotado el tiempo del ruido todo volverá a su cauce y se demostrará una vez más que los catalanes ladran mucho pero muerden poco. Corresponde a los partidos catalanes demostrar que las cosas han cambiado, pero corresponde también a las élites locales, especialmente a las económicas, siempre tan lampedusianas, no frustrar las expectativas generadas. No vale manifestarse de tarde y decir en las cenas de la noche que ahora lo que hay que hacer es evitar que esta dinámica de cambio vaya demasiado lejos. Había más de un rostro y más de una institución en la calle que respondían a este perfil.

En el intento de minimizar la manifestación de ayer, que parece ser la consigna de la derecha, algunos medios de comunicación han empezado utilizar La Roja como arma para el ataque. Espero que a la vista de la masiva manifestación de ayer no pierdan el tiempo contabilizando los ciudadanos que mañana salgan a celebrar el Mundial, si España lo consigue. Deben sentirse muy inseguros en la defensa de la nación española cuando tienen que convertir al fútbol en bandera para la reconstrucción nacional. Realmente, están ya en el último recurso.

El Gobierno español y el PP, ahora en el papel de manso cordero olvidadizo de haber provocado esta fractura institucional, esperan que, con el retorno de CiU al poder o con una coalición CiU-PSC, las cosas vuelvan a su sitio natural. El problema es que lo que antes resultaba natural ahora ya no lo es. Porque Cataluña ha cambiado mucho y la presencia masiva de las nuevas generaciones en la manifestación lo testifica. Y porque cuando a uno se le cierran las puertas no le queda más salida que buscar su propio camino. Esto es lo que expresaban los catalanes en la calle. Algunos dirán que se habría podido llegar a esta conclusión mucho antes. Pero para que un país se mueva sin desgarros internos ni fracturas dolorosas es necesario que una amplia mayoría de la sociedad tome conciencia de la necesidad de cambio. Los manifestantes dieron testimonio de esta mayoría.

La suerte está echada.

Punto de inflexión

Miquel Roca, padre de la Constitución:

“El proyecto común del 78 se ha agotado. El Tribunal Constitucional lo ha enterrado. Alguien deberá definir las bases de este nuevo proyecto e incluso comprobar si hay voluntad para ello. Algunos no lo quieren y el tribunal les ha dado la razón. España tiene un problema”.

Así nos ven en Israel…

El periódico israelí Haaretz se hace eco de un artículo de opinión en el que se dice…

“Gritando eslóganes, portaban banderas y pancartas con ‘Cataluña no es España’. La escena le resultaba extraña al turista israelí, a quien le costaba entender por qué están luchando esos catalanes que pretenden la independencia. ¿Qué les falta en la desarrollada y próspera España? ¿Por qué no les basta con la autonomía lograda tras la muerte de Francisco Franco y la democratización de España? ¿Por qué odian tanto a los españoles? El día nacional celebra la “Nakba”, la caída de Barcelona en manos españolas hace 295 años”.

Desde luego, la imagen es dantesca. Ojalá en Gaza vivieran como en Cataluña y la relación con el Estado israelí fuera, como poco, similar a la nuestra con el Estado español. Ahora bien, como la situación es distinta, no voy a hacer demagogia (¡qué palabra tan bonita!)…

Es evidente, que si Israel está a años luz de ser una democracia liberal consolidada (es un buen tema de discusión…), España todavía ha de cimentar las bases de su democracia dotando a su Constitución de legitimidad no tan solo en el origen (¡que la tiene!), sino en su ejercicio. Reformar la Carta Magna en aras de consolidar un Estado descentralizado y donde los tribunales de Justicia sean independientes, tampoco es mucho pedir…

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