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Defender tus derechos es ETA

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Cuando Ada Colau va al Congreso y dice que los allí presentes son unos criminales, no deberíamos escandalizarnos por el hecho de que ella lo diga. O no solo. Probablemente, lo más significativo es que un porcentaje importante de la población suscriba sus palabras sin querer matizarlas. Si el contenido de las mismas nos parece inadecuado, quizá, y solo quizá, algunos deberían pensar qué ha pasado para que aceptar ese mensaje en ocasiones sea la única alternativa.

«Quienes alteran la convivencia son los que alteran a la gente, no la gente que sale a la calle», sentencia Baltasar Garzón. Y es que parece que el Estado de derecho solo se cita si sirve para mantener el statu quo. Echar a la gente de su casa, aunque un tribunal diga que la ley que se aplica no vale, es preservar el Estado de derecho. Sin embargo, manifestarse y querer revolver la conciencia de los legisladores en esta materia, como está haciendo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, es un atentado en toda regla, e incluso ahora dicen, como quien no quiere la cosa, ¡que están vinculados a ETA!

Cuando Ulrich Beck vino a Barcelona hace unos meses lanzó un mensaje esperanzador: «No es lo mismo la sociedad del riesgo que la de la catástrofe. Pero ya que podemos anticipar la catástrofe, hagámoslo». Pues bien, ¿alguien es capaz de arrojar luz en esta negra Europa que expropia, como el criticado Chávez, en Chipre a sus ciudadanos o que en España echa a la gente de su casa y le hace pagar penitencia por el resto de sus días?

Mientras eso no deje de pasar, mientras no haya más respuesta que dar palos, o la retórica de que cambie todo para que no cambie nada en nombre de un régimen que se desmorona, que haya gente que grite o que insulte nos debería parecer casi un masaje y la mejor oportunidad para evitar el catastrófico panorama al que nos dirigimos.

[artículo original publicado el 26 de marzo en El Periódico de Catalunya]

Lo que de verdad importa

Las religiones, el nacionalismo o cualquier otro tipo de tradición basada en dogmas tienen sus mantras. En la política, que también tiene su punto de dogmatismo, en ocasiones, también se habla de «lo que de verdad importa» (práctica poco habitual, por cierto). Probablemente, cada vez que lo hacemos, deberíamos referirnos al bienestar -en abstracto- del conjunto de las personas (la gran mayoría anónimas).

Aun teniendo en cuenta que preservar nuestra cultura -como todas- es importante, ¿por qué se han dedicado más páginas y tertulias a hablar de la inmersión lingüística que a criticar la supresión (ilegal) de la sexta hora en la educación primaria? ¿Por qué nos obcecamos, día tras día, en mirarnos el ombligo -en lo personal y colectivo- y no ver que la importancia de preservar nuestra cultura e identidad no excluye la necesidad de abrirnos al mundo con el inglés y con una educación eficaz que incentive aún más (nunca es suficiente) la igualdad de oportunidades?

Jordi Évole, otrora showman y, desde hace tiempo, uno de los mejores entrevistadores de nuestro país, ha conseguido -con el humor y la ironía como telón de fondo- hablar de «lo que de verdad importa». La semana pasada, cuestionando la poca solidaridad de las grandes fortunas con el conjunto de la sociedad -y la consecuente perpetuación en la pobreza de miles de personas-; y hace dos, hablando del fin de ETA y, por tanto, de la consecuente vida en libertad de miles de ciudadanos en el País Vasco. Y así sucesivamente.

«Lo que de verdad importa» puede ser un mantra o, por otra parte, la obligación con la que todo político o persona que pueda condicionar la vida de terceros -ya sean una, 20 o 3.000 millones- se despierte cada día.

Los hay, aunque, en ocasiones, parece que escasean.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Ilegalizar Bildu, un error

En los últimos días Deba-t.lab (el área de estudio e investigación de Deba-t) ha venido reflexionando alrededor del proceso de ilegalización de Bildu. De alguna manera, se viene a concluir que, conceptualmente, chirría la imposibilidad que tiene una coalición de partidos articulada entorno a la figura de Eusko Alkartasuna (EA), partido del que proviene el primer presidente autonómico del País Vasco, de presentarse a unas elecciones. De hecho, más allá de los juicios de valor -consecuencia de una valoración meramente política-, es interesante reflexionar sobre los argumentos jurídicos que han llevado a la ilegalización de la coalición de partidos independentistas.

La Ley de Partidos, eficaz

Siempre he entendido -y de ello hablé en el libro 439 días. De cómo Zapatero buscó la paz- que la Ley de Partidos ha tenido consecuencias muy positivas, en tanto que ha asfixiado a ETA, y que, durante este tiempo, los independentistas vascos han tenido la opción de votar a un ejemplar Aralar, que nació precisamente por la voluntad de determinados sectores anteriormente vinculados a Batasuna de desprenderse de la violencia y avanzar por la senda de la democracia. Ahora bien, una vez demostrada que con esa ley no se ilegalizaban ideas, y el evidente avance hacia un escenario protagonizado por la libertad, de aquellos que hasta hace no mucho tiempo también iban armados, no debe cegarnos la ira que protagonizó tantas horas en tertulias durante el último fallido proceso de paz.

Al contrario, una vez más, podríamos habernos situado ante un escenario determinante a la hora de culminar un proceso que, ni por el contexto histórico, ni por su propia razón de ser, tiene ningún tipo de viabilidad. Ahora bien, olvidar que el terrorismo no es una acción delictiva cualquiera, dado su apoyo social, es también un error. Que la gente que lleva armas decida dar evidentes pasos -no hay antecedentes en la historia de ETA- para su disolución definitiva, debería provocar otro tipo de reacciones.

Breve aproximación jurídica

Por lo que se refiere a la decisión del Tribunal Supremo, habría que destacar que la jurisprudencia del Alto Tribunal y del Tribunal Constitucional han construído la figura del ‘contraindicio’ que, según palabras textuales del voto particular, viene a significar que ‘el rechazo de la violencia y del terrorismo’, cosa que hace Bildu, ‘neutralizará los demás indicios, que no hechos’ que puedan llevar a la ilegalización de un partido, como ha ocurrido en este caso.

Aún así, más chocante es todavía que en ninguno de los recursos presentados se hace referencia a los cuatro supuestos que pide la propia Ley de Partidos para ilegalizar a un partido político o que los recursos presentados tengan errores imperdonables, como por ejemplo “pretender que el candidato número 4 al municipio de Villarreal de Álava/Legutio fue candidato de la Plataforma Itzarzu en 2003, cuando en esa fecha era un menor de edad; o afirmar que el candidato número 10 a las Juntas Generales de Guipúzcoa fue identificado en 1996 como simpatizante de Batasuna, cuando en dicha fecha Batasuna no existía (nació casi cinco años después)’, tal y como indican algunos magistrados en su voto particular. Algunos ejemplos que vendrían a reforzar la posibilidad de que en los próximos días el Constitucional fallara a favor de la coalición independentista, pues parece que a algunos magistrados les ha cegado más el prejuicio y las prisas, que el análisis pausado y la aplicación de derechos y libertades fundamentales.

‘El que a hierro mata a hierro muere’

No estaría de más, pues, reflexionar detenidamente sobre el tema. Batasuna no era Sortu y Sortu no es Bildu, más allá del nombre. Y de hecho, en conexión con otra cuestión de actualidad, tampoco estaría de más recordar las palabras de aquel editor de periódicos que decía hace cosa de 20 años, y ahí están las hemerotecas, que ‘el que a hierro mata a hierro muere’.

Esta persona, tiempo después, destapó la guerra sucia del Estado con los GAL. Pues bien, ¿alguien podría poner sobre la mesa las diferencias entre esto último y lo que acaba de hacer el Gobierno de Estados Unidos en relación al ‘terrorista más buscado del mundo’?

[artículo original publicado en LA VOZ DE BCN]

¿El País Vasco? De los vascos (II)

***¡La gente del entorno de Batasuna apuesta por un pacto entre el PNV y el PP! Todo vale para que el nacionalismo no pierda el poder… ¡Ay! Si Jaime Mayor Oreja volviera al País Vasco… Los suyos quieren que Patxi López, que antaño fue un vendido a los terroristas, sea el nuevo lehendakari y, los otros, entienden que el Partido Popular es su última oportunidad. Nunca el PP fue tan decisivo, o no, en Euskadi. Pero insisto… ¿Qué margen de maniobra tiene?

Las palabras se las lleva el viento

Algún día, y puede ser dentro de dos meses o de 20 años, PP y PNV van a pactar, sea en el Congreso, como ya hicieran, o en el Parlamento vasco. Ambos están condenados a entenderse… ¡Xavier Arzalluz, al fin y al cabo, fue el diablo hasta que José María Aznar lo necesitó y Jordi Pujol fue un “enano” hasta que al presidente Aznar le diera por hablar catalán en la intimidad! Lo mismo pasa con López… Hace cosa de dos años era, por decirlo de algún modo, excesivamente condescendiente con ETA y hoy, incluso para Maria Dolores de Cospedal, es la única esperanza para los vascos.

¿Jugar con fuego?

Dentro de dos meses Patxi López, probablemente, sea un héroe para la derecha en nuestro país, y nadie se va a acordar de quién era para ellos antaño. Antonio Basagoiti que, tímidamente, da a entender que no va a seguir con la beligerante línea de Mayor Oreja o María San Gil, puede hacer posible que en el País Vasco se vivan nuevos tiempos. Aún así, queda la duda de quién es Basagoiti y si va a apostar por el frentismo, como le gustara a muchos nacionalistas, o va a entender que no es el momento de jugar con fuego.

¡Irresponsable PNV!

Mientras tanto en el PNV no dejan de hacer declaraciones inoportunas. Primero, hubo quien advirtió que ETA volvería a matar si López fuera lehendakari. Un escenario más que probable, pero que en bocas de un dirigente nacionalista, suena a amenaza… Al margen de esta declaración, otros han insistido en decir que sean legalmente o no miembros del Gobierno, seguirán dirigiendo la política vasca. ¿Desde dónde? No hacen más que dar argumentos a aquellos que, en ocasiones exageradamente, vincularon al PNV con movimientos no pacifistas. Y no me gusta, porque confío, y entiendo, que no es así… Imaz se desentendió y, otros, deberían hacer lo mismo***Artículo publicado en el periódico LA DEMOCRACIA el 18-3-2009.

¿El País Vasco? ¡De los vascos!

 

***El periódico LA DEMOCRACIAme publica este artículo sobre las elecciones vascas. 

¿El País Vasco? ¡De los vascos!

“Es inaceptable que haya más guardaespaldas protegiendo a cargos públicos, que cargos públicos; más Policía que empresarios amenazados; o más Policía que periodistas o jueces. Todo eso lo vemos con cierta normalidad, ¡pero no lo es! Esperemos que a partir del 1 de marzo todo cambie”, me decía semanas atrás Javier Rojo en un desayuno informativo. ¿Llegó el domingo ese cambio? Definitivamente, sí. Mientras tanto, Iñaki Anasagasti, anclado en el Pacto de Lizarra (lo cual me sorprende), dice que cada cual deberá asumir las consecuencias si se les quita una victoria “legítima”. ¿Hay algo más legítimo que recabar apoyos en el Parlamento? Las elecciones del 1 de marzo han disipado algunas dudas…

  • La ley de partidos no persigue ideologías, sino a criminales. Que Aralar haya multiplicado por cuatro su número de escaños en el Parlamento vasco debería abrir los ojos a aquellos que siguen empeñados en defender sus ideas, si es que las tienen, con una pistola. Ha quedado en evidencia que la ley de partidos no es una ley que intente acallar las voces de un sector significativo, o no, del País Vasco, sino que es una ley que ha permitido, con acciones paralelas y necesarias, que la situación de ETA en estos momentos sea crítica. No sería tan descabellado para el PSE, aunque a lo mejor sí para los votantes de Aralar, plantear que esta formación política se implicara en esta nueva etapa de cambio. También lo debería hacer, y nadie habla de ello, Ezker Batua (IU) que pese a haber dado alas a un gobierno nacionalista, debería recordar su razón de ser.
  • El PP no tiene ninguna llave. El PP ha salido reforzado en Galicia (felicidades, ¡Rajoy!), pero no en el País Vasco. Han perdido escaños y, de facto, no tienen ninguna llave que condicione el futuro de los vascos (y vascas, añadiría Ibarretxe). ¿A caso, teniendo la oportunidad de apartar al nacionalismo del poder, no van a facilitar a Patxi López asumir la presidencia del País Vasco? ¿Cómo podrían justificar su decisión ante sus votantes? ¿Y ante los de UpyD? Estos últimos, y los malos resultados del PP, son la consecuencia de una legislatura basada en mentir y acusar a Zapatero de terrorista. Un diputado de CIU, hablando de Rosa Díez y del PP, me decía que si un partido dice burradas, siempre habrá otro que las exagere. Y ahí está ese escaño de los amigos de Rosa Díez (que, por cierto, podría volver a las andadas y formar una coalición con el PNV).
  • En el PNV algunos piensan que, por imperativo legal, el País Vasco es suyo. En ocasiones, los dirigentes de CIU critican al president Montilla por ser andaluz o hablar un catalán mejorable. ¿Y qué hay detrás de ello? En Convergència, como en el PNV, hay quien no entiende que ni Cataluña, ni el País Vasco, les pertenece. Es más, no entienden que un maketo, alguien venido de fuera, sea elegido presidente de esa Comunidad. Ibarretxe no entendía que la legitimidad de su presidencia recaía en el mismo lugar que él decía despreciar por no aceptar su consulta: la legalidad… Ahora, en el PNV no entienden que lo que se decida en el Parlamento, consecuencia de lo que se ha dicho en las urnas, debe respetarse. Hablar de ETA y de las consecuencias de un gobierno sin legitimidad nos lleva a las peores épocas del nacionalismo de Arana. ¡Confío en que sólo sea un espejismo!
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