Se llamará José y habrá nacido en Andalucia, pero el president de la Generalitat es sin duda un excelente defensor de Cataluña (por mucho que le pese a la mujer del ex president Pujol).
El Congreso de los Diputados aprobó un Estatut que fijaba como fecha límite el 9 de agosto para tener pactado un nuevo sistema de financiación para Cataluña. Montilla advertía en EL PAÍS, contra la tesis defendida por el ex presidente Felipe González que decía que como venía crisis había que retrasarlo, que además de incumplir la Ley, el argumento no se sostiene porque la descentralización favorece a mejorar la situación económica.
En cualquier caso, quiero destacar algún aspecto de este artículo, publicado después de mucho hablar con sus compañeros de la dirección del PSOE. Montilla critica al PP, pero también llama la atención a sus compañeros de partido. El president se refiere a que cualquier cosa vinculada a Cataluña resulta incomprensible para muchos ciudadanos del resto de España:
Incomprensiones alimentadas de manera miserable por aquellos que siguen pensando que el anticatalanismo es rentable políticamente, ante la pasividad de quienes creen que el coste de hacer frente a la demagogia es demasiado alto.
En el artículo, que recomiendo leer, Montilla plantea muchas preguntas que alguien (Zapatero, por ejemplo) debería responder.
“¿Qué sentido tiene defender el superávit del Estado si éste se produce a expensas del déficit de las administraciones autonómicas y locales?”
“¿Qué sentido tiene situar un porcentaje mínimo de gasto público reservado al Estado sin atender las necesidades de gasto de las Comunidades Autónomas en función de las competencias que tienen asignadas?”
“¿Quién teme cumplir una ley orgánica española como el Estatut?”
“¿Quién teme resolver los problemas de financiación de Catalunya y, a través de ella, abordar un nuevo marco de financiación más justo y equilibrado?”.
“¿No es la justicia social nuestra divisa?”
“¿Desde cuándo la justicia es un obstáculo para la cohesión territorial?”
Siento que el president hable de razones históricas, que para eso ya están los nacionalistas, pero la defensa que hace de Cataluña es molesta no tan solo para conservadores varios, sino para los propios nacionalistas catalanes. Como diría un andaluz: ¡Ole, ole y ole!
El PSC, ERC e ICV firmaron un acuerdo a principio de la legislatura catalana en el que se comprometían a desarrollar un proyecto a lo largo de los próximos años. Los acuerdos, entiendo, hay que cumplirlos. Si ERC quiere cambiar de aliado en el Parlament debería esperar a la próxima legislatura, aunque el éxito de un pacto entre ERC y CIU no sé hasta qué punto ayudaría al desarrollo de Cataluña.
Si miramos al País Vasco nos daremos cuenta que los pactos de concentración nacionalista o independentista no dan resultados. El PNV necesita los apoyos de la oposición para poder desarrollar políticas que nada tengan que ver con la territorialidad y la demanda de competencias, porque los proyectos de los partidos de Gobierno, al margen de esta cuestión, en nada se asemejan. El llamado Plan Ibarretxe es una de las pocas cosas importantes en las que el Gobierno de coalición se ha puesto de acuerdo y de momento el proyecto no avanza (incluso, quizás se transforme en otra cosa).
Basta ir un día al Parlament para ver que, si a caso, las similitudes de ERC y CIU pasan por una demanda de fuerte autonomía para Cataluña (como la que tienen comunidades como Navarra) y que en el resto de cuestiones (política económica o social) las diferencias son lo suficientemente importantes como para no poder avanzar en otras materias muy importantes para Cataluña.
Jordi Pujol, que ayer dio una Conferencia en la que habló sobre qué pueden hacer los jóvenes por Cataluña, dijo con claridad que él no era independentista y que creía en la construcción de un Estado plurinacional. Si ERC, y sobre todo CIU, analizara los resultados de las últimas Elecciones, quizás debería plantearse defender las tesis de Pujol con claridad si quieren realmente conseguir avances en materia autonómica. La radicalidad no ayuda a la convivencia y, como decía Patxi López, por encima del derecho a decidir, está el derecho a convivir. Pujol así lo entendió (y fue president 23 años).
España y Cataluña no son lo mismo desde que Zapatero está en el Gobierno. El proyecto federalista del PSC ya es viable. Cataluña tiene competencias que no había tenido antes, lo que hace más efectiva su gestión, y se ha aprobado un Estatuto que con otro presidente de Gobierno hubiera sido impensable. El proyecto de Zapatero en materia territorial pasa por el reconocimiento de España como un Estado plurinacional y el camino ya está empezado. Sólo si hay un aumento de parlamentarios socialistas se podrá consolidar un proyecto condicionado por la terrible presión de la derecha.
¿O es que queremos ir marcha atrás? El PP de Rajoy, Acebes, Zaplana, Pizarro y Esperanza Aguirre ya ha dicho que quitará el derecho a las personas homosexuales de adoptar, cuando todo ciudadano tiene el derecho a hacerlo por el simple hecho de ser persona. Entonces, ¿les quitarán ese derecho por su condición sexual?
Si el PP tiene mayoría, el Tribunal Constitucional y sus jueces se verán legitimados para declarar inconstitucional el Estatut refrendado en Cataluña y aprobado en las Cortes, el matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso la ley de la dependencia, quitará Educación para la Ciudadanía, impondrán en Cataluña un sistema educativo que dividirá a la sociedad, TVE será tan parcial como Telemadrid, la Iglesia volverá a tener presencia en los centros educativos públicos, el progreso territorial de España se verá frenado, la demagogia será la bandera del Gobierno…
España es hoy un país socialmente más avanzado, con más derechos para las personas, con más ayudas para los jóvenes que buscan independizarse, o para las personas mayores. Ahora sólo falta que su proyecto se vea ampliamente respaldado.
Si la derecha gana, si el PP de Rajoy, Pizarro (el multimillonario Pizarro), Acebes, Pujalte, Zaplana, Aguirre, Carlos Fabra, Daniel Sirera, gana… ¡la que nos espera! Yo quiero un PP dirigido por Gallardón, Rita Barberà, Montserrat Nebrera, Josep Piqué, Jaume Matas, Francisco Camps, Francesc Vendrell… Yo quiero, en definitiva, una España y una Cataluña mejor. Movilización.