Los niños de Duran se hacen mayores

Quizá la imagen de partido conservador de Unió, el hermano pequeño de CiU, la puedan romper algún día sus nuevas generaciones. El sábado, coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la Segunda República, las juventudes del partido de Duran celebraban sus 80 años y Roger Montañola, diputado autonómico y líder de esta organización, sorprendía a un auditorio que, como gran parte de la sociedad, olvida que fueron los democristianos los que pusieron la semilla del Estado del bienestar.

Algo que no es de extrañar cuando la máxima exponente de esta doctrina política, Angela Merkel,asfixia nuestra economía y es una excelente correa de transmisión de los grandes inversores financieros. Sin embargo, Montañola destacaba que «la economía debe estar al servicio de las personas» y no al revés, poco después de haber dicho, para sorpresa de algunos que aún ven esperanzas en la Monarquía española -elefantes y amantes al margen-, aquello de… «¡feliz día de la República!».

«Algo debemos estar haciendo mal cuando una parte importante de la población apoya a los que queman contenedores. No nos quedemos con la imagen. ¿Qué es lo que les lleva a hacerlo? Es responsabilidad de los que estamos en las instituciones evitar la fractura social», afirmaba unMontañola que dice no ser católico. La democracia cristiana, que en su práctica política ha sido excesivamente condescendiente con el neoliberalismo, es en esencia tan sensible con la justicia social como la socialdemocracia. ¡Y eso es lo que hay que reivindicar!

Ante la imagen carca de un partido con un norte poco claro y difuminado en la familia de Convergència, el reto está en recuperar la esencia de aquello que es cristiano, sin ser católico, y que es, probablemente, una de las terceras vías más necesarias y menos conocidas que se nos presentan.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Canallas constitucionalistas

Rosemary, la guía que nos acompañó el viernes por la House of Commons, nos contaba con entusiasmo cómo era el sistema constitucional británico. “No tenemos Constitución”, dijo. La mayoría de turistas no lo entendían… ¿Una de las democracias más antiguas del mundo sin Constitución? Sencillamente, van un paso por delante. El cuerpo constitucional del Reino Unido está formado por un conjunto de leyes básicas que pueden reformarse según la circunstancia y no en base a un pacto firmado un día en el que ni siquiera la mayoría habíamos nacido.

En España es diferente. La Constitución la redactaron entre 5 personas, luego la votaron (yo y tantos otros no, por una imposibilidad metafísica) por abrumadora mayoría e incluso se aceptaron unos mecanismos de reforma que, repetidos e interpretados una y otra vez, venían a lanzar un mensaje claro: reformar la Constitución es más complejo que descubrir el sexo de los ángeles (¡todo sea por el bien de la democracia!). Pues bien, en dos días, en pleno verano, dos tipos han decidido que sí, que se va a reformar, que nada de preguntar a nadie porque no hace falta y que la democracia, en el fondo, depende de un pacto entre dos personas. Y de aquél ente abstracto que nos sugiere la reforma, vaya.

¿La conclusión? Zapatero podría pasar también a la historia por haber sido presidente en una legislatura en la que se ha pervertido el espíritu democrático con el que se había hecho la Constitución, a menos así lo dice el marketing. Primero fue el Tribunal Constitucional con su sentencia en relación al Estatut y, ahora, el propio Gobierno proponiendo una reforma (que más allá del fondo, chirría en la forma) que no estaba prevista, sobre la que no ha habido ningún debate previo ni si quiera en los propios partidos y que está dando la razón a los que ya sea en los riots de Londres o en el 15M en Madrid o Barcelona dicen que nuestro sistema, de democrático, más bien poco.

Mañana, si no cambia el planteamiento inicial de la propuesta, cuando Stiglitz o Krugman digan que la contención del déficit es peligrosa para la propia economía estarán promoviendo algo inconstitucional. Pero, sobre todo, cuando mañana cualquiera diga que España es un Estado con un gran déficit democrático, donde los partidos ni si quiera debaten en su seno temas de gran trascendencia y que la poca confianza en la política es consecuencia de la propia política, no le faltará razón. Y no habrá excusas.

Negar la evidencia

La pluralidad de España se la creen cuatro postmaterialistas (bien, los únicos que hay). De hecho, cuando hace casi un año, en una comida con un dirigente de una multinacional y otras dos personas, el primero me habló de Catalunya y sus relaciones con España en los términos en los que lo hizo, empezó a decrecer mi fe (o confianza) en la España variada y rica de sus pueblos. Si él, y quienes le acompañaban, que, en principio, son de aquellos que más deberían entender qué es exactamente España (o que entiendo yo, todavía, por España), no estaban dispuestos a aceptar la articulación de un Estado plural donde hubiera una permanente interelación, ¿quién lo iba a hacer?  Mi experiencia, en parte, limitada, me invita a pensar que en el Partido Popular (¡sobre todo en las personas cercanas al presidente Aznar!) hay más conciencia en relación a Catalunya que la que hay en el entorno del presidente Zapatero, cuyos amigos me insisten en que él sí cree lo que dice. Yo no lo sé… No lo conozco, pese a que algunos todavía me vinculen a él.

Decir que el éxito del proceso de consultas (que conste que están hechas dentro de la legalidad, porque lo han hecho tal que actores privados hacen una encuesta) que se ha hecho en Catalunya en los últimos meses es nulo, es negar una evidencia. “Han ido a votar los mismos que ya sabíamos que eran independentistas”, dicen algunos todólogos en los medios. ¡Falso! Entre otras cosas porque (y reconocerlo me estigmatizará ante algún grupúsculo nacionalista) cuando tuve la oportunidad de votar en mi pueblo, hace ya tiempo, decidí no hacerlo… Y como yo tantas otras personas que, sin duda, si hubieran tenido la capacidad de ver el efecto que podría haber tenido su voto (teniendo en cuenta que es una consulta no vinculante) hubieran ido a votar. Como simplificación: la imagen de un amigo, que en el pasado había votado retieradamente al PP, y que hace unos días votaba anticipadamente… Y afirmativamente. U otra… ¿Qué hago yo defendiendo ante una mayoría de lectores no catalanes y en castellano la independencia?

Ayer concluyó un proceso como consecuencia de la excelente articulación de una sociedad civil muy implicada políticamente y preocupada por su entorno (¡para que luego digan que hay desafección!), que ha dado un paso (que no ha sido en falso) y ha forzado un debate que algunos quieren evitar (con la misma maestría con la que lo está haciendo Solidaritat y Alfons López Tena)… La capacidad de las, en principio, minorías, de forzar un debate entre las mayorías, ha sido siempre la clave en todos los países que se han querido independizar (políticamente, porque lo que es a nivel económico…). Del mismo modo que la actitud de las instituciones (ya sean públicas, o ya sean medios de comunicación) en relación a la negación de las diferentes realidades ha sido determinante a la hora de levantar una conciencia colectiva, basada en principios liberales y democráticos, en relación a aquél Estado que les quiere negar algo tan básico, y tan grandilocuente, como lo es el derecho a decidir.

Lo lamento, adiós, muy buenas

El jueves organizamos en el centro de reflexión Deba-t un desayuno con Miquel Roca. ¡Magistral lección de política y derecho! De hecho, el título de la nota es una cita suya del verano de 1982, y mientras se tramitaba la aprobación de la LOAPA, probablemente, uno de los primeros intentos de nuestra reciente historia para acabar con el reconocimiento plurinacional del Estado. Roca, el portavoz de la Minoría Catalana, decía en el Congreso de los Diputados, hace casi 30 años, que si tuviera que decir lo que le salía del corazón, probablemente, se hubiera levantado y se hubiera ido… Una generación distinta, la mía, y no en Madrid, sino en Barcelona, no tan solo lo ha pensado, sino que cada vez tiene más ganas de hacerlo.

Los vínculos sentimentales desaparecen. Los elementos irracionales pueden ser efímeros. En la vida personal e institucional puede haber elementos intangibles que unan y despierten intereses mutuos… Pero si la realidad, y la actitud de los actores implicados -sobre todo de aquellos que parten con ventaja-, es inadecuada (bien por orgullo, o bien por querer mantener el control y jugar sobre seguro), la relación -del tipo que sea- acaba por dinamitarse.

En la historia de España, 30 años no son muchos y habría quien podría decir que es inadecuado hacer apreciaciones de este tipo, pero en la vida de las personas, lamentablemente, los segundos se viven con una intensidad que los libros de historia no son capaces de reconocer. Y las personas, en sus casas o en las instituciones, deberían ser conscientes que, al final, las relaciones institucionales son lo de menos. El problema está cuando se ha ido dañando a las personas. Y si una semana (para bien y/o para mal) da para bastante, imagínense lo que dan de sí 30 años… Las federaciones, como las relaciones entre dos individuos, no dependen solo de uno mismo. Y los hay que ponen más empeño que otros. ¿Lo lamento, adiós, muy buenas? La respuesta, no depende, en todo caso, solamente de mi…

(breves) Notas intempestivas

¡Hola!

Esta semana tres miembros del laboratorio de ideas del centro de pensamiento que coordino han sido invitados por el PSOE a un foro de reflexión en el que han participado 15 expertos de diferentes sectores sociales, entre ellos el director de EL PAÍS de Catalunya, Xavier Vidal Folch, o el economista Joan Colom, con el objetivo de repensar las políticas de la socialdemocracia en España. Asimismo, FAES ha invitado a los miembros de Deba-t a participar en unos seminarios que organizan la próxima semana en Barcelona o -ya sabéis que podéis seguir la actividad de la organización permanentemente por Facebook- hemos tenido un contacto institucional con el portavoz de CIU en el Parlament, Jordi Turull. Creo que, todo ello, de alguna manera, ilustra muy bien la voluntad de reflexión, dentro de unos límites, pero sin doctrina de partido, que nos caracteriza.

En cualquier caso, y estoy escribiendo una nota rápida (no más de 5 minutos), me gustaría hacer tres reflexiones que poco tienen que ver entre ellas:

  • Constato cada día más en conversaciones, telediarios y tertulias, que no hay voluntad política en el conjunto de España, ni en los medios (que poco ayudan) a la hora entender ninguna reivindicación que se hace desde Catalunya. Simplificando: son los españoles no catalanes los que nos obligan, casi siempre, a que los españoles de Catalunya cada día estemos más convencidos de que no queremos nada que ver con ellos.
  • Tengo entendido que la ejecutiva del PSC no apoya una supuesta candidatura de Chacón para liderar el PSOE. No por ahora. En cualquier caso, se sigue hablando de Rubalcaba y de ella sin hablar mucho de un tercero. Un diputado nos contaba el otro día que la opción de Bono coge fuerza. Sería el único en retener a votantes socialistas y conseguir el voto de alguien del PP. Espero que la fuente de la fuente sea errónea. O no, si la izquierda en España quiere construirse con candidatos que no entienden la diversidad nacional demostrarán (una vez más) que no hay nada que hacer.
  • Y por último algo más personal. No sé si existe Dios, el destino o el azar. Pero, a veces, acierta. Aun cuando quiera seguir jugando…
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