Febrero de 2008. Hacía pocas semanas que había entrevistado a un diputado de CIU, que decía que con el Estatut vigente alguien como él podía sentirse cómodo, y que al acabar la entrevista me preguntó si conocía a Guillem. No tenía el gusto… El susodicho vio referenciada en un periódico catalán una entrevista que yo mismo había hecho semanas antes a otro parlamentario y le parecí un personaje curioso. Gracias. Días después, a través del diputado convergent, nos conocimos… Intensa comida, en la que me hizo pensar y cuestionar muchas cosas, y donde él pronosticaba que yo acabaría siendo independentista. Por aquel entonces, yo hablaba de la España plural enmarcada dentro de un Estado federal, respetuosa con las naciones e identidades que forman parte del que todavía es nuestro país; quería estudiar periodismo y estaba a punto de publicar 439 días (cuyo contenido sigo defendiendo).
Julio de 2010. No ha pasado tanto tiempo. Poco más de dos años. Mucho, y cruciales, en alguien que solo tiene 20… El Tribunal Constitucional dicta una irresponsable sentencia sobre el Estatut sobre el que preguntaba en 2008, estudio Ciencias Políticas porque así me lo recomendaron Guillem y Jordi; y Guillem, el mismo chico al que no conocía y que empecé a admirar a los pocos segundos de saber cómo era y qué hacía, vive conmigo. Mi vida, desde luego ha cambiado. El panorama político, en lo que a las relaciones Catalunya-España se refiere, también.
Pero, insisto, no es la sentencia… Es lo que hay detrás de ella. Fuera de Catalunya nadie ha cuestionado su legitimidad, ni nadie ha pensado en las frustraciones creadas o la irresponsabidad de los miembros del TC al escribir esa novela (con forma de sentencia) que recuerda a las arengas de Queipo de Llano. Se ha demostrado que la España plural, en todo caso, solo existe en Catalunya y Zapatero ha dado por concluido el proceso de evolución autonómico. La voluntad de federarse básicamente está en Catalunya y lo de las federaciones, como los matrimonios, depende de más de uno…
No había diferencias en las aproximaciones que la prensa madrileña hacía estos días. ¡Incluso Público ha dicho que aquí no ha pasado nada! Pero sí ha pasado… Los que creían en la España, una, grande y libre, están contentos, los que creían en una Catalunya independiente tienen la excusa perfecta y los que dudaban del alcance del Estado de las autonomías se han quedado tranquilos. Los grandes perjudicados, a los que más nos han frustrado, a los que más nos han herido, los que más engañados nos hemos sentido, somos aquellos que creíamos, porque el marco teórico explica que es el modelo ideal de convivencia, en la España federal.
No hay voluntad. Unos recortan derechos y otros callan. Y el que calla, ya saben, otorga. Para cambiar nuestro marco legal, poco respetuoso con algunos preceptos democráticos, hace falta el apoyo del Partido Popular… Y por mucho que mi admirado Miquel Iceta siguiera esta mañana insistiendo en la necesidad de modificar la Constitución, hay media España que está en contra, y otra media que no está por la labor.