La paz social no es perpetua

Es jueves, son las 10 de la mañana y suenan sirenas por el centro de Barcelona. El BCE celebra una de sus cumbres en nuestra ciudad y no se prevé ninguna situación conflictiva. Los del 15-M han decidido protestar, pero haciendo sonar cazuelas desde las casas. Todo un acto revolucionario que estoy convencido de que estremecerá a todos y cada uno de los asistentes a la cumbre. «Un ejemplo de pacifismo a seguir», dice alguien en la radio. «Una tontería», debe pensar quien de verdad tiene alguna responsabilidad en la gestión de todo lo que está pasando. «Si hablando nadie me hace caso, ¿qué nos queda?», señala desde hace semanas una pintada en el centro de Barcelona.

George Orwell parece contestarle en 1984 : «Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Este es el problema». Algunos se manifestarán o nos manifestaremos protestando contra cosas puntuales. Algunos incluso acamparán en la plaza de Catalunya. Otros conseguirán que la indignación sea colectiva y compartida por muchos. Pero, mientras tanto, todo seguirá igual. Mientras tanto, algunos se permitirán el lujo de dar lecciones de civismo, y otros, los mismos que se cargan el Estado de derecho, nos dirán que hay que cumplir la ley.

¿Qué responsabilidad e implicación ciudadana se le puede pedir a una persona más que formada pero sin expectativas de futuro? ¿Y a un padre de familia desesperado y sin trabajo desde hace meses? ¿Y a uno que ya no tiene ni la prestación por desempleo? ¿De qué responsabilidades se le puede hablar a un grupo social significativo que ve que, efectivamente, en términos de gestión macroeconómica la vida de una persona no importa lo más mínimo? Lo raro, precisamente, es que aún no haya pasado nada grave.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Los niños de Duran se hacen mayores

Quizá la imagen de partido conservador de Unió, el hermano pequeño de CiU, la puedan romper algún día sus nuevas generaciones. El sábado, coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la Segunda República, las juventudes del partido de Duran celebraban sus 80 años y Roger Montañola, diputado autonómico y líder de esta organización, sorprendía a un auditorio que, como gran parte de la sociedad, olvida que fueron los democristianos los que pusieron la semilla del Estado del bienestar.

Algo que no es de extrañar cuando la máxima exponente de esta doctrina política, Angela Merkel,asfixia nuestra economía y es una excelente correa de transmisión de los grandes inversores financieros. Sin embargo, Montañola destacaba que «la economía debe estar al servicio de las personas» y no al revés, poco después de haber dicho, para sorpresa de algunos que aún ven esperanzas en la Monarquía española -elefantes y amantes al margen-, aquello de… «¡feliz día de la República!».

«Algo debemos estar haciendo mal cuando una parte importante de la población apoya a los que queman contenedores. No nos quedemos con la imagen. ¿Qué es lo que les lleva a hacerlo? Es responsabilidad de los que estamos en las instituciones evitar la fractura social», afirmaba unMontañola que dice no ser católico. La democracia cristiana, que en su práctica política ha sido excesivamente condescendiente con el neoliberalismo, es en esencia tan sensible con la justicia social como la socialdemocracia. ¡Y eso es lo que hay que reivindicar!

Ante la imagen carca de un partido con un norte poco claro y difuminado en la familia de Convergència, el reto está en recuperar la esencia de aquello que es cristiano, sin ser católico, y que es, probablemente, una de las terceras vías más necesarias y menos conocidas que se nos presentan.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

Deba-t con el president Mas

Esta semana, en medio de todo el debate por los ajustes presupuestarios del Govern de la Generalitat, el president Artur Mas ha sido invitado a uno de los habituales desayunos del centro de reflexión Deba-t. Una sola pregunta… ¿Cómo se entiende que la Ministra Elena Salgado pida ajustes presupuestarios a la Generalitat de Catalunya y que su compañera Leyre Pajín se escandalice cuando se proponen?


A coste cero, demanda infinita

Artur Mas dijo en los discursos de su investidura que no se mostraba favorable al llamado copago sanitario. Sin embargo, el recién nombrado Conseller de Sanidad, sí. ¿Y qué es exactamente? Unas palabras de este último de hace unos meses lo resumen muy bien: “No tiene sentido que los medicamentos que se toman en los hospitales sean gratuitos y, fuera, cuesten un 40%. La intención es recaptar tasas, si no instaurar un uso racional del sistema”, decía. Suscribo.

 

La ceja de Reagan

A ojos de alguien poco dado a los matices, se podría empezar a comparar la gestión de Reagan con la de Zapatero. No ya por los recortes sociales de los últimos meses, o los anunciados hace unos días días, sino también por la enérgica determinación a la hora de enfrentarse a los controladores aéreos. Alguien un poco cínico hablaría de la diferencia intelectual… En cualquier caso, si volvemos a la esfera de la información y del discurso más sensato, me pregunto, de verdad, cuántas diferencias hay entre el actual Gobierno y un hipotético Gobierno en manos del Partido Popular. En economía, en el modelo territorial, en inmigración, en las políticas sociales, en la aparente privatización aeropuertaria… ¿Alguna respuesta?

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