La banca siempre gana
mayo 19, 2012
La fortaleza del movimiento 15-M ha demostrado de nuevo que si bien no ha servido ni de lejos para mejorar la situación política y económica en el último año, la conciencia social por fin ha dejado de hibernar. Aquellos que, aprovechando sus debilidades internas, quisieron desprestigiarlo desde el primer día, han quedado retratados y han mostrado de qué pie calzan. La indignación se ha generalizado y, de momento, nadie sabe o quiere frenarla.
Que las concentraciones se hagan frente a importantes entidades bancarias, y no tengan nada que ver con aquel patético y frustrado secuestro de un Parlamento, por otro lado, ya secuestrado, evidencia también la madurez de un virtuoso fenómeno social que debería ir más allá en la contundencia de algunas de sus protestas. Generar conciencia social es muy importante, pero encontrar los instrumentos que sean capaces de condicionar el curso de la historia, lo es todavía más.
En un momento donde, efectivamente, se demuestra que la banca siempre gana (a costa de rescatarla con nuestro dinero), el Estado del bienestar es cuestionado con absoluta naturalidad (como si no hubiera alternativa), tenemos un presidente del Gobierno que ni está ni se le espera (o, al menos, no abre la boca) y nadie es capaz de generar ninguna certeza sobre si mañana saldrá el sol, cuesta de entender por qué se acepta todo tal y como viene y solo sepamos quejarnos a base de gritos.
Cuando el poder político democrático sea capaz de hacer frente al poder financiero, cuando los gritos empiecen a romper determinados tímpanos, cuando las instituciones sean instrumentos al servicio exclusivamente del ciudadano o incluso cuando se explique qué es lo que provoca que ahora no sea así, entonces, y solo entonces, podríamos empezar a no hablar de un fenómeno generalizado de indignación.
