El catalán y la cohesión social
Basta con escuchar al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), cuando se refiere a la reciente sentencia del mismo tribunal en relación a la inmersión lingüística, para saber que algo huele mal. Un día dice que, efectivamente, las sentencias solo afectan a casos concretos (como apuntaba el ministro de Justicia, Francisco Caamaño); y al día siguiente dice que se cargan (como aquél que hace una siesta de 20 minutos o reforma una Constitución en dos días) un modelo de inmersión lingüística alabado por la propia Unión Europea, envidiado por otros países con características similares a las de Cataluña y pactado por una amplia mayoría del Parlamento autonómico.
Lamentablemente, es evidente, una vez más, que no estamos ante una cuestión meramente judicial, sino ante un uso (cada vez más descarado) de la condición de la Justicia para hacer política.
Paradojas de la vida… y en un perfecto castellano.
Nací en Santander, vine por aquí a los seis años, y hablo un perfecto castellano. ¡Qué cosas! Y eso que he sido víctima de la famosa inmersión. Quizá, si no fuera por todos los periódicos, canales de televisión y libros que el mercado pone a mi disposición, mi castellano sería pésimo. Y quizá, si el sistema educativo obviara el contexto no favorable al uso del catalán, pese a que sorpresas como las del grupo de música Manel demuestran que la cultura catalana tiene mucho que hacer, pasaría lo mismo con el catalán. Sinceramente, no me preocupa. Y no me preocupa porque me han educado en un sistema cuyos resultados (y es a lo que hay que prestar atención) dicen que las competencias lingüísticas en ambas lenguas es similar. Paradojas de la vida.
¿Hacia un modelo que segregue?
Unas competencias (que no sé si buenas o malas) pero de características similares y un país, o una región como le gustaría remarcar a algún lector, cohesionado en las escuelas gracias a un elemento común denominador que, lejos de tener un trasfondo identitario, posee una de las mejores herramientas de cohesión e integración social del mundo. ¿O es que acaso queremos repetir situaciones como las del País Vasco? ¿O es que acaso queremos separar a las personas en función de la lengua que hablen? ¿O es que acaso queremos crear dos comunidades lingüísticas bien diferenciadas? ¿O es que acaso hay elementos para pensar que el actual modelo, bilingüe de facto, genera una sociedad fragmentada?
Las sentencias del Tribunal Supremo son una de las primeras consecuencias de la sentencia que ya hace más de un año dicto el Tribunal Constitucional en relación al Estatuto. ¿Acaso alguien cree que el TC es un tribunal independiente? ¿Acaso alguien cree que esta interpretación de la ley genera más soluciones que problemas?
El derecho a decidir
En cualquier caso, paradójico es también que aquellos que, con la excusa del derecho a decidir la lengua en la que deben estudiar sus hijos, niegan el derecho a decidir de las personas, o el de las comunidades políticas, cuando se refiere al sistema institucional en el que quieren convivir. No es una cuestión meramente identitaria; se trata de garantizar una harmonía social y garantizar a su vez el conocimiento de las dos lenguas oficiales de Cataluña. Y, de momento, que yo sepa, se está garantizando. ¿O es que acaso hay quién no quiere que sea así?
De la anécdota a la categoría…
Que a la gente no le interesa la política no es cierto. En todo caso, le aburre… A casi todo el mundo le interesa que haya transporte público, cobertura sanitaria, subsidio por desempleo, calles, farolas, Policía, que haya una ley que respete una intimidad que no se tiene… Eso también es política. Sin embargo, el ciudadano medio de Benidorm, por ejemplo, ahora mismo debe experimentar dos sensaciones contrapuestas: la preocupación por el mal uso que se le deben dar a sus impuestos y el aburrimiento producido por un teatrillo propio del sur de la Italia berlusconiana.
Los concejales del PSOE se dan de baja de su partido. Ya no son compañeros de Zapatero y ya no incumplen la ley antitransfuguismo en caso de aceptar el voto de un concejal enfadado con los suyos. Total, cuando actuan como tal, no pertenecen a ninguna formación política. Mientras tanto, Rajoy critica el fariseismo de esos concejales de pueblo grande y se olvida que él apoyó el ascenso de Zaplana en la misma ciudad utilizando un método similar.
Los dos grandes partidos protagonizan, una vez más, un espectáculo no muy propio de esa España moderna de la que se presume… Por suerte, en algunas Comunidades Autónomas, como en Cataluña, cuando elegimos al presidente del Gobierno tenemos alternativas, a izquierda y derecha, y no estamos obligados a escoger entre dos modelos que generan dinámicas tan equivocadas y, en definitiva, tan dañinas para las bases de nuestra democracia. Con la convicción de que Zapatero ha aportado un granito de arena en consolidar la parte social del Estado español, no dejo de criticar a ese hombre con poca experiencia, pero con muy buenas intenciones, que ha tenido la suerte de tener al peor líder de la oposición de los últimos años.
Así nos ven en Israel…
El periódico israelí Haaretz se hace eco de un artículo de opinión en el que se dice…
“Gritando eslóganes, portaban banderas y pancartas con ‘Cataluña no es España’. La escena le resultaba extraña al turista israelí, a quien le costaba entender por qué están luchando esos catalanes que pretenden la independencia. ¿Qué les falta en la desarrollada y próspera España? ¿Por qué no les basta con la autonomía lograda tras la muerte de Francisco Franco y la democratización de España? ¿Por qué odian tanto a los españoles? El día nacional celebra la “Nakba”, la caída de Barcelona en manos españolas hace 295 años”.
Desde luego, la imagen es dantesca. Ojalá en Gaza vivieran como en Cataluña y la relación con el Estado israelí fuera, como poco, similar a la nuestra con el Estado español. Ahora bien, como la situación es distinta, no voy a hacer demagogia (¡qué palabra tan bonita!)…
Es evidente, que si Israel está a años luz de ser una democracia liberal consolidada (es un buen tema de discusión…), España todavía ha de cimentar las bases de su democracia dotando a su Constitución de legitimidad no tan solo en el origen (¡que la tiene!), sino en su ejercicio. Reformar la Carta Magna en aras de consolidar un Estado descentralizado y donde los tribunales de Justicia sean independientes, tampoco es mucho pedir…
¿Solo pegan en Cataluña? ¡No!
Me llega a través de Twitter una interesante reflexión de Ignacio Escolar, director de Público:
Nuevo juicio a los Mossos por malos tratos. Mi duda: ¿es que sólo zurra la poli catalana o es que sólo allí acaba en juicio?
“No me parece que tenga que escandalizar a nadie que el CAC dictamine qué es o no verdad”
Que el CAC otorgue las licencias de radiodifusión en Cataluña no debería escandalizar a nadie, sobre todo porque hasta hace poco era el Ministerio de Industria (directamente) el que las otorgaba en Cataluña (pese a que en otros lugares de España lo sigue haciendo). ¿Es más plural un organismo con representación parlamentaria o un Ministerio controlado por un solo partido? ¿Qué sistema alternativo sería menos controvertido?
De todos modos, habría que destacar que el Tribunal Constitucional también es un órgano elegido por un Parlamento y, sin embargo, todos aquellos que ponen en duda la legitimidad del CAC por ser un “órgano político” no hacen lo propio con este Tribunal (y tiene tela…). Además, si el CAC comete irregularidades, como mucha gente cree que ha ocurrido con la renovación de licencias de radio, hay mecanismos para presentar recursos ante las autoridades competentes: nadie está indefenso.
En todo caso, lo que sí debe escandalizar del CAC, probablemente, es que desde hace unos pocos años tenga una fuerte capacidad sancionadora y pueda determinar qué es o no verdad. Precisamente, hace dos años entrevisté en City FM a la vicepresidenta del Consejo, Victòria Camps. “No me parece que tenga que escandalizar a nadie que el CAC dictamine qué es o no verdad”.