La dignidad del muerto
diciembre 26, 2010 Deja un comentario
Hay un extraño síndrome, que no sé si sirve para ilustrar la expresión Spain is different o, por el contrario, es aplicable a nivel mundial. Se trata de un fenómeno en el que las personas, una vez muertas, adquieren otra dimensión y pasan a ser mucho mejor valoradas que en vida (algunos hubieran agradecido que fuera justo al contrario). Algo así pasa también en la vida política…
Adolfo Suárez fue el presidente más atacado por propios y extraños mientras gobernaba. ¿Y ahora? Un referente. Felipe González era un hombre poco transparente. ¿Y ahora? Eso sí que era un hombre de Estado y no lo que tenemos… ¿Y el president Pujol? Se creía que Catalunya era suya… ¿Y ahora? Eso sí que era sentido de la responsabilidad… ¿Maragall? ¡Vaya espectáculo! ¿Y ahora? Comparado con Montilla, de lo mejor… Pues bien, con el president Montilla también está empezando a pasar lo mismo. Era indigno para Catalunya hasta que hace dos días el nuevo president, Artur Mas, ilustró muy bien el título de esta nota. El nuevo president dijo que Montilla estaba haciendo un traspaso de poderes muy digno y que su presidencia había ilustrado muy bien una de las mayores apuestas de la Catalunya de Pujol: la integración y el ascensor social. Tanto es así que le felicitó y cogió el testigo de las buenas obras de su Govern.
Montilla, a diferencia de Pujol con Maragall, estará mañana en la ceremonia que terminará por nombrar president a Artur Mas. Un gran gesto de dignidad. Tanto es así que también Mas le reconocía, hace unos días, el excelente trato que había tenido con él estos años en privado…Y tanto es así que el círculo del nuevo president ahora, no antes, se deshace en elogios hacia el hasta mañana president Montilla.
Decía hoy la Consellera Marina Geli que es una pena que empiecen a reconocer a Montilla una vez muerto, (políticamente hablando, se entiende). Sin embargo, no sé de qué se extraña. La única excepción que se me ocurre es la del presidente Aznar. Y quizá tenga algo que ver en que no haya muerto o haya quién tema su resurrección.
