Deba-t con el president Mas

Esta semana, en medio de todo el debate por los ajustes presupuestarios del Govern de la Generalitat, el president Artur Mas ha sido invitado a uno de los habituales desayunos del centro de reflexión Deba-t. Una sola pregunta… ¿Cómo se entiende que la Ministra Elena Salgado pida ajustes presupuestarios a la Generalitat de Catalunya y que su compañera Leyre Pajín se escandalice cuando se proponen?


A coste cero, demanda infinita

Artur Mas dijo en los discursos de su investidura que no se mostraba favorable al llamado copago sanitario. Sin embargo, el recién nombrado Conseller de Sanidad, sí. ¿Y qué es exactamente? Unas palabras de este último de hace unos meses lo resumen muy bien: “No tiene sentido que los medicamentos que se toman en los hospitales sean gratuitos y, fuera, cuesten un 40%. La intención es recaptar tasas, si no instaurar un uso racional del sistema”, decía. Suscribo.

 

El abrazo de Judas

El día que invistieron president a Artur Mas, servidor estaba sentado en la Tribuna, con un fiel amigo, justo detrás de su familia. Desde la distancia, mientras todos buscaban un saludo o un abrazo de la primera Dama, observé la elegancia, sencillez y cordialidad que desprendían los gestos y palabras de la que es mujer del ya president Mas. Reconozco que en los grandes días, cuando hay un Congreso, una gran celebración, una entrega de Premios, o en los días en los que se nombra a un presidente, cada vez más, y quizá porque cada vez soy más consciente de lo que me rodea, me hago más pequeño en el espacio… E intento pasar desapercibido.

Mientras, a la salida del hemiciclo, todo el mundo buscaba la complicidad de Artur Mas, su familia, las personas que ya sonaban como futuros Consellers, y pese a ser un fan de Lluís Recoder, decidí ir a comer al restaurante del Parlament. En el comedor de al lado, Artur Mas y su familia rodeados de una gran espectación, en el mío, un prometedor Gerard Figueras o un gran profesor, Jordi Xuclà, comían con tranquilidad. Sus méritos son lo suficientemente grandes como para buscar complicidades en momentos como este.

Digo todo esto porque, tras ver el documental que ha emitido TV3 en el que se veían las últimas 72 horas de Mas antes de ser president, me han venido dos ideas a la cabeza. La primera es que pese a no ser, en principio, especialmente partidario de la figura de la primera Dama (más propia de las Monarquías que de sistemas como el nuestro) he de admitir que Helena Rakosnik me produce cierta simpatía. Una simpatía que, probablemente, compartan muchas personas más y que, seguramente, pueda traducirse en un apoyo institucional complementario del que podría tomar partido el nuevo president. Y la segunda es que, tras ver las imágenes de la noche del Majestic, recuerdo una vez más lo que vi la noche electoral.

La primera parte de esa noche la pasé junto a Montse Nebrera (amiga especial que, pese a haber tenido incluso ofertas de CiU para incorporarse con los suyos, decidió estrellarse, en coherencia con lo que ella consideraba oportuno, la noche de las elecciones). Hacia las 23h llegué al Majestic. Para bien, y/o para menos bien, muchos amigos festejaban la noche electoral por ahí (incluso los que habían votado a Joan Laporta). El caso es que fui porque, empequeñecido por la gran celebración que podía observar, a uno siempre le ilusiona ver felicidad a su alrededor… Y allí vi otra escena que, días después, volvería a ver en el Parlament. Se trata de la extraña necesidad de los reconvertidos a última hora de saludar a una persona que, con la formación del nuevo Govern, ha premiado más el esfuerzo de personas preparadas (con algunas excepciones), que al extraño mérito de hacer la pelota justo el segundo antes de salir despedido por la borda. Así que nada, suerte a todos…

La dignidad del muerto

Hay un extraño síndrome, que no sé si sirve para ilustrar la expresión Spain is different o, por el contrario, es aplicable a nivel mundial. Se trata de un fenómeno en el que las personas, una vez muertas, adquieren otra dimensión y pasan a ser mucho mejor valoradas que en vida (algunos hubieran agradecido que fuera justo al contrario). Algo así pasa también en la vida política…

Adolfo Suárez fue el presidente más atacado por propios y extraños mientras gobernaba. ¿Y ahora? Un referente. Felipe González era un hombre poco transparente. ¿Y ahora? Eso sí que era un hombre de Estado y no lo que tenemos… ¿Y el president Pujol? Se creía que Catalunya era suya… ¿Y ahora? Eso sí que era sentido de la responsabilidad… ¿Maragall? ¡Vaya espectáculo! ¿Y ahora? Comparado con Montilla, de lo mejor… Pues bien, con el president Montilla también está empezando a pasar lo mismo. Era indigno para Catalunya hasta que hace dos días el nuevo president, Artur Mas, ilustró muy bien el título de esta nota. El nuevo president dijo que Montilla estaba haciendo un traspaso de poderes muy digno y que su presidencia había ilustrado muy bien una de las mayores apuestas de la Catalunya de Pujol: la integración y el ascensor social. Tanto es así que le felicitó y cogió el testigo de las buenas obras de su Govern.

Montilla, a diferencia de Pujol con Maragall, estará mañana en la ceremonia que terminará por nombrar president a Artur Mas. Un gran gesto de dignidad. Tanto es así que también Mas le reconocía, hace unos días, el excelente trato que había tenido con él estos años en privado…Y tanto es así que el círculo del nuevo president ahora, no antes, se deshace en elogios hacia el hasta mañana president Montilla.

Decía hoy la Consellera Marina Geli que es una pena que empiecen a reconocer a Montilla una vez muerto, (políticamente hablando, se entiende). Sin embargo, no sé de qué se extraña. La única excepción que se me ocurre es la del presidente Aznar. Y quizá tenga algo que ver en que no haya muerto o haya quién tema su resurrección.

¿Por un futuro MAS democrático?

Esta mañana me han invitado a la Tribuna del Parlament, coincidiendo con la sesión de investidura del nuevo president de la Generalitat, Artur Mas. Un comentario muy breve: celebro que PSC y CIU hayan acordado, como uno de los ejes de esta legislatura, la creación de una ley electoral (inexistente en Catalunya) y otras medidas de transparencia democrática. Artur Mas tiene la oportunidad de liderar el cambio (también en este área) que, en su día, parecía que iba a venir de la mano de Pasqual Maragall y sus socios. La ley electoral es un elemento vertebrador de cualquier democracia… Y tenemos la oportunidad, en Catalunya, de dar, de nuevo, una lección al resto del Estado.

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