Archivo | mayo 2012

De unos y unas jóvenes (sobre)salientes

Se llaman Andrea Ana y estudian periodismo. No son exactamente cazatalentos, porque no son millonarias, pero han creado una magnífica ventana al mundo a través de un humilde pero potente blog: Jóvenes (sobre)salientes. Gracias a ellas conocí, por ejemplo, a Borja Juez (28 años), fundador de The South Face, que después de un ocioso viaje por África renunció a su cómodo estilo de vida para intentar financiar mediante becas a jóvenes kenianas que de otra forma no podrían ir a la universidad. Una apasionante historia que, de hecho, explicará este martes en una conferencia en compañía de uno de los grandes de la cooperación, Rafael Vilasanjuan, y que hemos querido impulsar desde Deba-t.org.

Las creadoras de este blog no proponen recetas para salir de la crisis, pero quizá con actitudes e iniciativas como la suya se pueda avanzar en esa dirección. No obstante, lo más interesante del encuentro entre Juez Vilasanjuan , o del blog de estas chicas, no es tan solo la posibilidad que tienen algunos de explicar sus proyectos, sino el público al que van dirigidos. El martes tendrán la oportunidad de conocerse algunos jóvenes comprometidos con la sociedad.

Es el caso, por ejemplo, de Andrea Levy (28 años), vicepresidenta de los jóvenes del PP europeo y una de las personas mejor formadas (si no la más formada) de la nueva ejecutiva de su partido en Catalunya. O de Marc Berruezo (21 años), que hizo un año sabático de voluntariado antes de entrar en la universidad y que trabajará este verano en Perú en una fundación de microfinanzas. Jóvenes que, aun trabajando en diferentes áreas, están implicados con el mundo en el que viven y que creen que la transferencia de conocimiento no es algo que haya que hacer solo de Norte a Sur, sino también entre nosotros. ¿El resultado? En unos años.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

La banca siempre gana

La fortaleza del movimiento 15-M ha demostrado de nuevo que si bien no ha servido ni de lejos para mejorar la situación política y económica en el último año, la conciencia social por fin ha dejado de hibernar. Aquellos que, aprovechando sus debilidades internas, quisieron desprestigiarlo desde el primer día, han quedado retratados y han mostrado de qué pie calzan. La indignación se ha generalizado y, de momento, nadie sabe o quiere frenarla.

Que las concentraciones se hagan frente a importantes entidades bancarias, y no tengan nada que ver con aquel patético y frustrado secuestro de un Parlamento, por otro lado, ya secuestrado, evidencia también la madurez de un virtuoso fenómeno social que debería ir más allá en la contundencia de algunas de sus protestas. Generar conciencia social es muy importante, pero encontrar los instrumentos que sean capaces de condicionar el curso de la historia, lo es todavía más.

En un momento donde, efectivamente, se demuestra que la banca siempre gana (a costa de rescatarla con nuestro dinero), el Estado del bienestar es cuestionado con absoluta naturalidad (como si no hubiera alternativa), tenemos un presidente del Gobierno que ni está ni se le espera (o, al menos, no abre la boca) y nadie es capaz de generar ninguna certeza sobre si mañana saldrá el sol, cuesta de entender por qué se acepta todo tal y como viene y solo sepamos quejarnos a base de gritos.

Cuando el poder político democrático sea capaz de hacer frente al poder financiero, cuando los gritos empiecen a romper determinados tímpanos, cuando las instituciones sean instrumentos al servicio exclusivamente del ciudadano o incluso cuando se explique qué es lo que provoca que ahora no sea así, entonces, y solo entonces, podríamos empezar a no hablar de un fenómeno generalizado de indignación.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

La paz social no es perpetua

Es jueves, son las 10 de la mañana y suenan sirenas por el centro de Barcelona. El BCE celebra una de sus cumbres en nuestra ciudad y no se prevé ninguna situación conflictiva. Los del 15-M han decidido protestar, pero haciendo sonar cazuelas desde las casas. Todo un acto revolucionario que estoy convencido de que estremecerá a todos y cada uno de los asistentes a la cumbre. «Un ejemplo de pacifismo a seguir», dice alguien en la radio. «Una tontería», debe pensar quien de verdad tiene alguna responsabilidad en la gestión de todo lo que está pasando. «Si hablando nadie me hace caso, ¿qué nos queda?», señala desde hace semanas una pintada en el centro de Barcelona.

George Orwell parece contestarle en 1984 : «Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Este es el problema». Algunos se manifestarán o nos manifestaremos protestando contra cosas puntuales. Algunos incluso acamparán en la plaza de Catalunya. Otros conseguirán que la indignación sea colectiva y compartida por muchos. Pero, mientras tanto, todo seguirá igual. Mientras tanto, algunos se permitirán el lujo de dar lecciones de civismo, y otros, los mismos que se cargan el Estado de derecho, nos dirán que hay que cumplir la ley.

¿Qué responsabilidad e implicación ciudadana se le puede pedir a una persona más que formada pero sin expectativas de futuro? ¿Y a un padre de familia desesperado y sin trabajo desde hace meses? ¿Y a uno que ya no tiene ni la prestación por desempleo? ¿De qué responsabilidades se le puede hablar a un grupo social significativo que ve que, efectivamente, en términos de gestión macroeconómica la vida de una persona no importa lo más mínimo? Lo raro, precisamente, es que aún no haya pasado nada grave.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

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