Archivo | febrero 2012

Nos llevan a otro fraude democrático

«No nos podemos permitir, y mucho menos en un contexto social de indignación, dejar pasar esta oportunidad. Por fin habrá una ley electoral para Catalunya». Así de convencido se mostraba un importante parlamentario en pleno mes de mayo. Y los que lo escuchamos, le creímos. ¿Para qué? Para que hace unos días se anunciara que el acuerdo, esa magnífica ley electoral que iba a dar legitimidad a las instituciones democráticas, no se iba a poder consensuar en los próximos años.

Por aquellas fechas, poco después del 15-M, Núria de Gispert se permitía el lujo de decir en un foro con activistas sociales que la ley electoral era algo que debían hablar solo los partidos y sin la implicación de la sociedad civil. ¿Para qué? ¿Para que otra vez se frustre a una sociedad que ansía regenerar sus instituciones? ¿Para dar argumentos a los que reniegan de la necesaria política institucional?

Lejos queda el compromiso del president Mas de que a finales del 2012 Catalunya tendría una ley electoral con más opciones para la ciudadanía a la hora de escoger a sus diputados. ¿Qué ha pasado? ¿Tiene algo que ver la renovación de la cúpula del PSC? ¿No han querido ceder, unos y otros, por cálculos partidistas? ¿Los famosos aparatos de los partidos creen que podrían perder poder? Sea como sea han generado, una vez más, una peligrosa frustración.

Ahora más que nunca los medios de comunicación y la sociedad civil articulada deberían poner sobre la mesa el ridículo espantoso y el fraude democrático al que nos han llevado de nuevo. Y ahora más que nunca deberíamos entender que la falta de confianza tiene consecuencias fatales para una democracia sumida en una profunda crisis. ¿Lo peor de todo? Que quizá llegue el día en el que la indignación no solo será comprensible, sino también incontrolable.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

¡Compañeros y compañeras!

Analizar las consecuencias del congreso socialista cuando no han pasado ni siete días sería, ha sido y es atrevido. El contexto en el que se mueve la política española no depende, lamentablemente, ni de sí misma… Y del mismo modo que hubo un día en el que todo un país teñido con las siglas del PSOE cambió casi por arte de magia en cuestión de meses, el camino a la inversa no es tan improbable.

Ahora bien, si Rubalcaba es la imagen de renovación que el socialismo jacobino quiere proyectar, probablemente algo falla. No sé si Carme Chacón era la mejor opción, y ni siquiera sé si el nuevo líder socialista tiene asumido que el futuro pasa por gente como Eduardo Madina y se trata solo de evitar que otros tomen las riendas del partido. Aun así, la explosiva mezcla de un hombre que lleva toda la vida en primera línea, que es de una generación determinada (¿dónde están los políticos postransición?), con esa rimbombante expresión («¡compañeros y compañeras!») y una Internacional como colofón final huele, al menos un poco, a naftalina.

No sé, tampoco, si a Pere Navarro se le habrá quitado un peso de encima y contra Rubalcaba vivirá mejor de lo que hubiera vivido con Chacón, pero en cualquier caso el reto sigue ahí. La influencia de los socialistas catalanes debe pasar por la reivindicación de las singularidades y riquezas de España, pero también por todo aquello relacionado con la renovación del discurso de la izquierda. Probablemente, el impulso que el PSC le quiere dar a su laboratorio de ideas sea una buena oportunidad. Pero es entonces cuando recuerdo esas palabras de un intelectual cercano, paradójicamente, al PSOE: «El problema de la izquierda no son sus ideas, sino las personas que las representan». Quizá, justo lo contrario de lo que les pasa a sus adversarios.

[artículo publicado en El Periódico de Catalunya]

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