Tertulia en la SER. Al mal tiempo buena cara

El miércoles participé junto a otros tres jóvenes -una diputada en el Congreso, el propietario del principal fabricante de smartphones de España y el creador de la ONG The South Face, Borja Juez- en la tertulia de 21h a 22h de Hora 25 en la SER para hablar de la crisis… Y como al mal tiempo, buena cara, allí está esa dedicatoria que le hice a Antònia Font y a su “Alegria”…!

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Sobremesa antipolítica

Sorprende que semanas antes de que se declarara como primer secretario del PSC a Pere Navarro determinados medios, y gente del partido, ya lo dieran por vencedor. Incluso sorprende más que a un año de la sucesión de Artur Mas en Convergència, todo el mundo (incluso aquellos del partido a los que no les gusta) den por hecho que Oriol Pujol siga la estela del padre y sea convertido en el jefe de filas del partido como si de un título hereditario se tratara.

Mientras tanto, Rubalcaba – después de representar el hundimiento socialista– se reivindica a sí mismo como la imagen de la renovación. Chacón, por su lado, hace un juego de equilibrios cual tramoyista entre su aceptación y su rechazo del legado de Zapatero, entre su amor por España y su vinculación con Catalunya. Pero ni se vislumbra un nuevo PSOE y, ni si- quiera, unas nuevas caras. ¿Y Rajoy ? Desaparecido, como si aún no hubiera asimilado en qué consiste ser presidente, y promoviendo lo contrario de lo que prometió. ¿Recuerdan su eslogan de campaña? «Más trabajo, menos impuestos».

No es de extrañar, pues, que se instale cada día más en toda tertulia o sobremesa que se precie un discurso antipolítico contra el cual, visto lo visto, uno tiene menos argumentos. «Tendrá que venir alguien a salvarnos como ha pasado otras veces en la historia», apuntaba alguien en un restaurante. Escandalizado, hice amago de decir algo, pero la respuesta la encontré en una pared camino del metro: «De ti, de mí y de ella, depende que hagamos alguna cosa».

Dejar de lado nuestro compromiso cívico o político no hará sino instalar dinámicas perversas e incentivar un escenario aún peor que el actual. Soluciones fáciles a realidades complejas son un caramelo que deberíamos no estar dispuestos a digerir y que, gente como los arriba citados, deberían querer evitar.

[artículo original publicado en El Periódico de Catalunya]

El Nou PSC necesita madurar

Es pronto para afirmar si el PSC ha retomado un camino ascendente frente a la prosecución de la decadencia“, dice Joaquim Coll en El Periódico. Mientras tanto, Enric Juliana, de La Vanguardia, se atrave y vaticina que se ha iniciado “una lenta deriva que apunta hacia las costas del socialismo valenciano”. O sea, que la decadencia es inevitable. Sea como sea, el PSC ha logrado en tres días no dividir al partido, mientras con pequeños gestos se ha ido avanzando en la apertura del mismo (la votación secreta de todos sus cargos y, sobre todo, la ineludible cita de unas primarias abiertas a la ciudadanía para elegir a todos sus candidatos), ha dibujado algunas líneas rojas (el anacronismo de declararse abolicionistas de la prostitución o la necesidad de tener voz propia, que no grupo parlamentario propio, en el Congreso de los diputados) y ha dejado muchos interrogantes por responder. Pero, no es de extrañar; quiénes esperen, dentro o fuera del partido, que en tres días todo haya cambiado de la noche a la mañana van a llevarse o se han llevado una gran decepción.

Esta mañana me han invitado a la clausura de lo que llaman el Nou PSC. Y el nuevo PSC, en cualquier caso, necesita meses de maduración. Todavía no es mayor de edad. No será de la noche a la mañana cuando las prácticas cainitas (habituales en casi todos los partidos, lamentablemente) desaparezcan; ni será de la noche a la mañana cuando cualquier cara que recuerde a un pasado donde se acumularon los errores pasen a una vida mejor; ni será de la noche a la mañana cuando sepan redibujar qué modelo territorial fuerza el proceso postestatutario; ni será de la noche a la mañana cuando cambie la dirección del Grupo Parlamentario (como algunos me advertían, por muy urgente que se me presente); ni será de la noche a la mañana cuando el debate de ideas cobre protagonismo de nuevo en un contexto de necesaria redefinición ideológica para la socialdemocracia

Pero, ¿por qué se le exige al PSC lo que no se le exige a otros partidos? Se presume tan necesario exigirle compromisos al PSC, como hacer lo propio con Alicia Sánchez-Camacho o Artur Mas y exigirles más concreciones;  criticar sus ambigüedades; denunciar sus luchas cainitas; demandar más rostros nuevos en sus partidos; o pedir más relevancia a sus fundaciones de pensamiento… En la dulce conquista del poder no hay mucho tiempo para pensar; y en el PSC lo deben tener tan asumido como que la travesía en el desierto tiene el riesgo de acabar como pasara en la UCD (existe, en cualquier caso el peligro de dejar a Catalunya sin un partido fuerte de la oposición). Ahora bien, quiénes desde cierta superioridad (moral, pero también electoral) les miran por encima del hombro, deberían evitar cometer los mismos errores del PSC si no quieren verse dentro de unos años en una situación parecida. 

¡Estamos de exámenes!

En mi facultad estamos en esa época del año en la que, no se sabe por qué, más imprevistos te surgen, más libros te interesa leer, más noticias quieres contrastar, más cosas te replanteas (sí, el próximo trimestre empezaré con tiempo), más culebrones aparecen (¿me quiere o no me quiere?) o más entras en Facebook. ¡Estamos de exámenes! Y es en una de esas pausas eternas (¡eteeeernas!) que uno hace frente a la biblioteca y entre humo, mucho humo, cuando a veces se escucha algo sobre lo que vale la pena prestar atención.

No me refiero al último romance de la chica que está sentada delante de mí, ni tiene nada que ver con la conversación de esos estudiantes de Economía que hacen amago de estar trabajando ya para una gran corporación… Al fondo hay un grupo de estudiantes, quizá de Políticas o Humanidades, que hablan sobre el sentido de la universidad. Y como estamos de exámenes, aunque hay que leer entre líneas, la dejan verde.

Dicen que el funcionamiento te obliga a ser, casi, un autómata y que, al final, se está convirtiendo en una fábrica de titulados. Critican que acceder no es tan difícil (por el mérito), pero que permanecer en ella (por la cartera) le cuesta lo mismo al que más tiene, que al que más necesita. Cuestionan que se empiece a recortar en ella sin haber reparado antes en qué modelo de universidad (o de país) se quiere y comentan la poca pasión que les transmite un catedrático con su clase (y eso que tiene una gran formación) o las muchas ganas que le pone el nuevo becario, que no sabe responder a todas las preguntas. Y siguen… Aunque no es nada nuevo. Cada tres meses, cada vez que hay exámenes, se escucha lo mismo; el problema es que nadie parece escucharlos o, en todo caso, nadie quiere poner solución.

Y ahora, disculpadme, pero tengo que hacer otra pausa…

[artículo publicado en El Periódico de Catalunya]

De la necesidad de sentirse idiota

Nos acabábamos de sentar en uno de esos bares donde el café, ni de lejos, cuesta 80 céntimos. Habíamos intercambiado un par de correos electrónicos. A él lo conocía de sobras, todos los lectores de esta nota sabrían quién es. Él a mi… De pasada. Su tono de voz, entrañable, era el propio de ese tipo de ancianos que siempre sonríen con sinceridad; aquellos que dan gracias a la vida con cada pequeño gesto. Ahora dedica su tiempo, como aquél que dice, a meditar… Pero años atrás había sido uno de los hombres más influyentes de este país.

Dedico mi tiempo a leer… Así que no suelo quedar con mucha gente joven. Muchos estudiantes se ponen en contacto conmigo, pero no tengo tiempo. Aún así, me ha llamado la atención tu correo…

Tenía dos opciones. O crecerme; o ser consciente de que esos minutos eran un regalo que no sabía cómo podría agradecer. Pasado el tiempo no tengo ni si quiera la opción de escoger; fue un regalo.

Pero, bien, antes de empezar… Dime los cinco libros que más te han marcado como persona.

No iba a hacer el ridículo que acaba de hacer Peña Nieto en México, al no saber decir ni el título de tres, y aunque no esperaba la pregunta, repasaba por dentro cuáles podrían ser. O cuáles podría decir. Nunca he tenido un color, una canción, un día de la semana, un número, una asignatura, un profesor, un libro… Con uno no hay suficiente. Y el que más me gusta, ni si quiera ha cambiado nada en mi vida. Simplemente, me entretuvo… Mucho.

Bueno, mejor, antes de que me los digas… ¿Conoces la obra de…?

Empezó a preguntar… Y de una lista de algo así como diez autores, no excesivamente populares, sólo podía reconocer a tres. ¡Cuánto me quedaba (y queda) por leer! ¡Qué idiota me sentí! ¡Qué ridículo acababa de hacer! ¡Este hombre me había dedicado un rato porque pensaba que iba a descubrir algo diferente y se quedó con las ganas! Pero… En el fondo… ¡Qué estimulante fue! Se acabó el tiempo. Él ya había sacado sus propias conclusiones, aunque habíamos cambiado de conversación, pagó el desayuno y acabamos la mañana hablando de la diferencia entre el respeto y la tolerancia.

La provocación es un estímulo… Sentirse idiota puede ser, sobre todo si uno está más que convencido de que no lo es, casi una necesidad.  Aquél día me sentí idiota, sí, pero, por suerte, no fue el único. En un mundo donde hay tanto por aprender y, donde, por cierto, hay tantos dogmas, tener incertidumbres y sentirse idiota, a la vez que vulnerable, puede ser una de las experiencias más estimulantes. De hecho, si uno escribe más de lo que lee -si se miran los primeros meses de vida de este blog, hace cosa de cuatro años, el número de entradas era exponencialmente superior a las que escribo ahora- lejos de hacerte sentir idiota, lo que acaba pasando es que te conviertes en uno de ellos. Así que, supongo que, al final,depende de uno mismo… Y que el riesgo siempre está ahí.

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