Canallas constitucionalistas
Rosemary, la guía que nos acompañó el viernes por la House of Commons, nos contaba con entusiasmo cómo era el sistema constitucional británico. “No tenemos Constitución”, dijo. La mayoría de turistas no lo entendían… ¿Una de las democracias más antiguas del mundo sin Constitución? Sencillamente, van un paso por delante. El cuerpo constitucional del Reino Unido está formado por un conjunto de leyes básicas que pueden reformarse según la circunstancia y no en base a un pacto firmado un día en el que ni siquiera la mayoría habíamos nacido.
En España es diferente. La Constitución la redactaron entre 5 personas, luego la votaron (yo y tantos otros no, por una imposibilidad metafísica) por abrumadora mayoría e incluso se aceptaron unos mecanismos de reforma que, repetidos e interpretados una y otra vez, venían a lanzar un mensaje claro: reformar la Constitución es más complejo que descubrir el sexo de los ángeles (¡todo sea por el bien de la democracia!). Pues bien, en dos días, en pleno verano, dos tipos han decidido que sí, que se va a reformar, que nada de preguntar a nadie porque no hace falta y que la democracia, en el fondo, depende de un pacto entre dos personas. Y de aquél ente abstracto que nos sugiere la reforma, vaya.
¿La conclusión? Zapatero podría pasar también a la historia por haber sido presidente en una legislatura en la que se ha pervertido el espíritu democrático con el que se había hecho la Constitución, a menos así lo dice el marketing. Primero fue el Tribunal Constitucional con su sentencia en relación al Estatut y, ahora, el propio Gobierno proponiendo una reforma (que más allá del fondo, chirría en la forma) que no estaba prevista, sobre la que no ha habido ningún debate previo ni si quiera en los propios partidos y que está dando la razón a los que ya sea en los riots de Londres o en el 15M en Madrid o Barcelona dicen que nuestro sistema, de democrático, más bien poco.
Mañana, si no cambia el planteamiento inicial de la propuesta, cuando Stiglitz o Krugman digan que la contención del déficit es peligrosa para la propia economía estarán promoviendo algo inconstitucional. Pero, sobre todo, cuando mañana cualquiera diga que España es un Estado con un gran déficit democrático, donde los partidos ni si quiera debaten en su seno temas de gran trascendencia y que la poca confianza en la política es consecuencia de la propia política, no le faltará razón. Y no habrá excusas.