Archivo | mayo 2011

El presente es tuyo, el futuro es nuestro

Que haya cada vez más personas, especialmente jóvenes, que no se sientan parte de un sistema político, protagonizado, de momento, por los partidos, debería centrar la atención de todos aquellos que queremos formar parte de lo que se entiende por una sociedad avanzada y que, difícilmente, podría estar liderada por alguien tan pintoresco como Silvio Berlusconi.

Cuando mi mejor amiga se queja permanentemente de eso a lo que los
revolucionarios insisten en llamar “el sistema” y habla, incluso, con cierto desprecio de “los políticos”, acabo por entenderla. No obstante, el problema no es que Alba, que así se llama, sea una chica de 20 años “renegada” de la política, sino que eso acaba creando una especie de conformismo derivado de una delegación de responsabilidades a los políticos, paradójicamente, alimentada por ellos mismos.

Como ejemplo paradigmático del poder que las estructuras de los partidos llegan
a acumular, dejando al margen el que acumula también algo tan virtual como “los mercados”, se habla de la ley electoral. Pero es solo la punta del iceberg… Podríamos continuar hablando, por ejemplo, del circo en el que el juego de las sillas, alimentado por los partidos, ha acabado creando en instituciones que deberían gozar de gran prestigio y respeto como el Tribunal Constitucional, la Corpo o el CAC, por poner algún ejemplo.

Que al final dependa de unos hábiles, y seguramente inteligentes, secretarios de
organización quién es o no diputado (a los que, en su mayoría, no conocemos)
para votar, con excepciones, todo lo que propone el jefe de filas; quién revisa la
constitucionalidad de las leyes; o quién determina nuestro modelo de televisión pública (tan importante en la sociedad del siglo XXI) debería despertar la conciencia de todos aquellos que no nos resignamos y queremos ayudar en la construcción de una sociedad profundamente democrática.

De hecho, cuando un día decidimos unos cuantos en la Universidad crear un espacio de debate y generación de ideas, como el que coordino, independiente en términos de partido, y plural por lo que se refiere a los matices ideológicos de cada uno de nosotros, nos movía, básicamente, la voluntad de servir a la sociedad de la que formamos parte, pero a través de una iniciativa que emana, directamente, de la sociedad civil y de quiénes, por edad, tenemos un futuro por inventar.

Mientras tú –o usted, si lo prefiere- estás leyendo este artículo, yo, quizá, estoy en otro bar haciendo lo mismo (porque me hace ilusión, más que nada). Pero el caso es que mientras el presente lo estamos protagonizando cada uno, de forma independiente, y desde lugares distintos, el futuro, pasa –si creemos en nuestra capacidad de incidir en el devenir de los tiempos- por vernos las caras. Y no es una afirmación que me vincule a ti y a mi, especialmente, sino a la sociedad –también a los más jóvenes- en su conjunto.

Nos contaba un día Josep Piqué que en España, y en Catalunya, “la sociedad civil
adolece de una falta de coraje a la hora de recordar a los políticos lo que pueden
o no hacer, aunque sea a costa de incomodarse”. Una afirmación especialmente interesante de la mano de alguien que, aunque cuando fue protagonista no puso el grito en el cielo, el día que abrió la boca acabó por no salir más en la foto.

Madrid despierta antes que Barcelona

Es muy pronto, pero, al menos estos días, me gustaría vivir al lado de la Puerta del Sol, en vez de en el centro de Barcelona, y sentirme parte de una concentración con evidentes elementos de transversalidad y fruto de una profunda reflexión democrática. En Madrid desde hace días, y ayer lo dejaban escrito en un manifiesto, la prioridad es reformar la ley electoral, mientras que en Barcelona –decían durante una de sus Asambleas- uno de los ejes de la protesta es el rechazo a los ajustes presupuestarios de la Generalitat. Lo primero es la base del sistema y lo segundo, una consecuencia.

Hace dos noches me acerqué a la plaza de Catalunya con un diputado de Convergència i Unió en el Congreso y una exparlamentaria autonómica del Partido Popular catalán (¡una imagen idílica!) para analizar la magnitud de la concentración. Mientras en Madrid se reúne un grupo muy heterogéneo de personas, en Barcelona las concentraciones tienen elementos discursivos antiglobalización que poco aportan al escenario en el que estamos y que, incluso, empiezan a ser arcaicos.

Hablar de la ley electoral, de la dación en pago, de la limitación de mandatos en cargos públicos, de la necesaria reforma institucional¿ En definitiva, hablar de elementos que mejoran y refuerzan la esencia democrática del sistema y hacer un discurso en positivo, como están haciendo desde la Puerta del Sol, es la clave para volver a confiar en un sistema político del que todos -o casi todos- queremos sentirnos parte.

Mientras acabo de escribir este artículo, un amigo, estudiante de Derecho y vinculado a movimientos altermundistas, me pregunta en Twitter si creo que todo va a quedar en una anécdota. No lo sé, pero de lo que estoy convencido es de que estamos ante un claro síntoma de interés por la política y por el mundo que nos rodea¿ Y que para acabar con esa especie de conformismo que delegaba responsabilidades en los políticos basta con ser valientes, buscar aquello que nos une y levantar la mano.

[artículo publicado en EL PERIODICO DE CATALUNYA]

“Cuatro años se pueden explicar en quince días, pero las tendencias ya se han creado”

Es martes y quedan pocas horas para que empiece, cuatro meses después, otra campaña electoral; Artur Mas presenta ante los medios el plan de los ejes prioritarios de su gobierno; y cuatro horas después, todos los grupos parlamentarios se atreven a opinar sobre él. Todos menos uno. Enric Millo, el portavoz del PPC en el Parlamento autonómico, es honesto y viene a decir que no es serio opinar sobre un plan de gobierno que se ha elaborado en cuatro meses y pocas horas después de que se haya hecho público. Otros son menos cautos, opinan, y cuando preguntan detalles sobre el mismo, dicen que sobre ese tema no han podido hacer un gran análisis. Es decir, que no se lo han leído.

La política de la declaración

Hace unas semanas el director de un periódico digital que, no sé si referente, leen casi todos los políticos catalanes, decía en Twitter que el periodismo catalán (creo que es extensible a todo el sur de Europa) se basa en las declaraciones. Una crítica muy lícita y ajustada, a la que también juegan la mayoría de los medios, con la inestimable ayuda de quienes hacen las declaraciones. La misma tarde, poco después de Millo, incluso el portavoz de CiU en el Parlamento autonómico, Jordi Turull, que también valoró -y positivamente, por si había dudas- el documento presentado por Mas, venía a decir que la política declarativa frenaba el avance a la hora de construir acuerdos y hacer avanzar las políticas del país. Y eso que estamos, otra vez, en campaña, y que en los próximos quince días no vamos a escuchar otra cosa que frases entrecomilladas.

Campañas electorales

Las campañas electorales son caras, muy caras, y tienen un formato anticuado. ¿Es necesario con tanta tecnología hacer un gran mitin de 5.000 personas? Como decía este fin de semana Rosa Cullell también en Twitter, el impacto de una actualización en esa red social podía tener más relevancia que un acto con una gran estructura donde se moviliza a los de siempre. Algo similar decía Jordi Basté que se preguntaba: “Por qué los candidatos hacen meetings donde van 20 personas solo para sacar un corte para el 3/24 que se repita cada media hora”, lo cual conecta con otra crítica de la propia Cullell que decía que con la presencia de una televisión en un acto de campaña, ya había suficiente. A partir de aquí, muchas preguntas.

¿De qué sirven las campañas electorales? ¿Es ajustado su costo? ¿Les gusta su mecanismo de financiación? ¿Qué opinan de la obligación, especialmente la de los medios privados, de subordinar su criterio informativo a unos bloques electorales? ¿Los mensajes de los candidatos a la alcaldía de su ciudad son muy opuestos? Cohesión social, empleo, consolidación marca de la ciudad, más participación de la sociedad civil. Cuatro años se pueden explicar en quince días, pero las tendencias ya se han creado. Y quince días de declaraciones no sirven de tanto.

Y a partir del 22M

Pues bien, a partir del 22 de mayo, los partidos volverán a tener tiempo para reflexionar, por lo menos, hasta marzo de 2012. Unos meses que, en principio, van a ser aprovechados por algunos para ajustar no tan solo el discurso de su partido, sino las bases del mismo. El PSC tiene la oportunidad, como está haciendo la socialdemocracia en toda Europa, de dedicar esfuerzos para la construcción de un nuevo relato que sirva para liderar la sociedad. Las campañas electorales, al fin y al cabo, sirven para ilustrar todo el trabajo que viene detrás. Y, a algunos, les falta trabajar esto último.

[artículo publicado en La Voz de BCN].

Ilegalizar Bildu, un error

En los últimos días Deba-t.lab (el área de estudio e investigación de Deba-t) ha venido reflexionando alrededor del proceso de ilegalización de Bildu. De alguna manera, se viene a concluir que, conceptualmente, chirría la imposibilidad que tiene una coalición de partidos articulada entorno a la figura de Eusko Alkartasuna (EA), partido del que proviene el primer presidente autonómico del País Vasco, de presentarse a unas elecciones. De hecho, más allá de los juicios de valor -consecuencia de una valoración meramente política-, es interesante reflexionar sobre los argumentos jurídicos que han llevado a la ilegalización de la coalición de partidos independentistas.

La Ley de Partidos, eficaz

Siempre he entendido -y de ello hablé en el libro 439 días. De cómo Zapatero buscó la paz- que la Ley de Partidos ha tenido consecuencias muy positivas, en tanto que ha asfixiado a ETA, y que, durante este tiempo, los independentistas vascos han tenido la opción de votar a un ejemplar Aralar, que nació precisamente por la voluntad de determinados sectores anteriormente vinculados a Batasuna de desprenderse de la violencia y avanzar por la senda de la democracia. Ahora bien, una vez demostrada que con esa ley no se ilegalizaban ideas, y el evidente avance hacia un escenario protagonizado por la libertad, de aquellos que hasta hace no mucho tiempo también iban armados, no debe cegarnos la ira que protagonizó tantas horas en tertulias durante el último fallido proceso de paz.

Al contrario, una vez más, podríamos habernos situado ante un escenario determinante a la hora de culminar un proceso que, ni por el contexto histórico, ni por su propia razón de ser, tiene ningún tipo de viabilidad. Ahora bien, olvidar que el terrorismo no es una acción delictiva cualquiera, dado su apoyo social, es también un error. Que la gente que lleva armas decida dar evidentes pasos -no hay antecedentes en la historia de ETA- para su disolución definitiva, debería provocar otro tipo de reacciones.

Breve aproximación jurídica

Por lo que se refiere a la decisión del Tribunal Supremo, habría que destacar que la jurisprudencia del Alto Tribunal y del Tribunal Constitucional han construído la figura del ‘contraindicio’ que, según palabras textuales del voto particular, viene a significar que ‘el rechazo de la violencia y del terrorismo’, cosa que hace Bildu, ‘neutralizará los demás indicios, que no hechos’ que puedan llevar a la ilegalización de un partido, como ha ocurrido en este caso.

Aún así, más chocante es todavía que en ninguno de los recursos presentados se hace referencia a los cuatro supuestos que pide la propia Ley de Partidos para ilegalizar a un partido político o que los recursos presentados tengan errores imperdonables, como por ejemplo “pretender que el candidato número 4 al municipio de Villarreal de Álava/Legutio fue candidato de la Plataforma Itzarzu en 2003, cuando en esa fecha era un menor de edad; o afirmar que el candidato número 10 a las Juntas Generales de Guipúzcoa fue identificado en 1996 como simpatizante de Batasuna, cuando en dicha fecha Batasuna no existía (nació casi cinco años después)’, tal y como indican algunos magistrados en su voto particular. Algunos ejemplos que vendrían a reforzar la posibilidad de que en los próximos días el Constitucional fallara a favor de la coalición independentista, pues parece que a algunos magistrados les ha cegado más el prejuicio y las prisas, que el análisis pausado y la aplicación de derechos y libertades fundamentales.

‘El que a hierro mata a hierro muere’

No estaría de más, pues, reflexionar detenidamente sobre el tema. Batasuna no era Sortu y Sortu no es Bildu, más allá del nombre. Y de hecho, en conexión con otra cuestión de actualidad, tampoco estaría de más recordar las palabras de aquel editor de periódicos que decía hace cosa de 20 años, y ahí están las hemerotecas, que ‘el que a hierro mata a hierro muere’.

Esta persona, tiempo después, destapó la guerra sucia del Estado con los GAL. Pues bien, ¿alguien podría poner sobre la mesa las diferencias entre esto último y lo que acaba de hacer el Gobierno de Estados Unidos en relación al ‘terrorista más buscado del mundo’?

[artículo original publicado en LA VOZ DE BCN]

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