Si esto es España, no quiero ser español

Si la España futura es la que ha teorizado el Constitucional, la Catalunya de la que yo formo parte no cabe en este Estado“. Son palabras del ex ministro socialista Joan Majó. No es ninguna barbaridad. Ya sabíamos, desde el día en el que Zapatero prometió que aprobaría aquello que, al final, no aprobó y recortó con la ayuda de Artur Mas, que el sistema de garantías constitucional en el caso de nuestro país, como en muchos otros, depende de un tribunal ad hoc y que reformar la Constitución es más complicado que descubrir el sexo de los ángeles, a diferencia de lo que pasa en el Reino Unido, por ejemplo.

También sabíamos que el sistema de elección de sus miembros es un juego de intereses partitocrático (que pueden bloquear y recusar a su gusto) y que cuando los dirigentes del PP (¡oh! ¡responsables y honorables personas!) dijeron que el Estatuto estaba tutelado por ETA y presentaron un recurso para garantizar su constitucionalidad, no iban a hacer lo propio con estatutos similares (calcados en algunos artículos) como el andaluz y el valenciano, que sí contó con su apoyo.

Sabíamos que para reformar la Constitución (si es que queríamos un Estado federal) había que seguir un mecanismo determinado y era peligroso intentar forzar el cambio con la reforma de Estatutos de autonomía. Ahora bien, lo que no todos sabíamos es que un puñado de jueces, algunos de ellos incompetentes (con su doble acepción), iban a redactar una sentencia que no tan solo iba a devolver a Catalunya un estado prestatutario (al de Nuria, se entiende), que iban a ser también autores de una novela a la que, como decía Enric Juliana, solo le faltaba el himno de España de fondo (y una caja hermética que asegure la indisolubilidad de lo que, en principio, era una nación de naciones) y que quien promovió todo este entuerto, no ha evitado la catástrofe.

Será legal, pero no es legítimo… Porque luego llegó el día de después… Y en España casi todo el mundo estaba contento. Era una sentencia justa que limitaba lo que votaron los ciudadanos en un referéndum, los parlamentarios autonómicos, los senadores y los diputados que representan la soberanía nacional. Y llegó el día de después… Y en Catalunya todos, todos los que no tienen complejos a la hora de defender los intereses de las leyes que cuentan con el respaldo mayoritario de sus ciudadanos, dijeron que ya estaba bien. Que si no nos quieren, no pasa nada… Que no estamos ante un juego de cuatro exaltados que enarbolan banderas… Que lo que está en juego es la democracia… Y que si esto es España, y a la mayoría de españoles ya les parece bien, lo siento, pero yo, como tantos, tampoco quiero ser español.

2 Responses to Si esto es España, no quiero ser español

  1. elSalmantino dice:

    Joer, el último párrafo es de premio. A ver:

    1) Cataluña sigue siendo parte de España, por lo que no parece que “casi todo el mundo” esté contento “en España”.

    2) Lo que legisla un Parlamento puede ser legal, pero no necesariamente legítimo. Incluso a veces, qué cosas, hasta puede ser simple y llanamente ilegal.

    3) ¿Todos? ¿Todos los que no tienen complejos? ¡Vaya! Has desposeído de su singularidad a miles de catalanes. Eso tiene un nombre.

    4) ¿En juego la democracia? Totalmente de acuerdo. Y es así por culpa de quienes no tienen reparos en intentar cargársela vía leyes.

    5) Tampoco yo quiero ser terrícola, pero ye lo que hay, que decimos por mi tierra.

    6) Antes de llenarse la boca de grandes deseos y de teóricas imposiciones, convendría mirar hacia esos catalanes de pura cepa que son (obvio) y se sienten españoles.
    Si no fuese por ellos (y esto bien lo saben los que manejan el cotarro por ahí) ya habría independencia total, porque lo que tampoco se puede consentir es que los que dicen no sentirse españoles impongan lo que esto (ser español) ha de ser. ¡Sólo faltaba!

    Vamos, que yo, español, tampoco estoy muy contento.

  2. Luis dice:

    Si esto es Cataluña, no quiero ser catalán.
    Una Cataluña que habla de una España federal y plural pero incapaz de reconocer su bilingüismo insittucionalmente; que diferencia entre el mundo catalanohablante de primera frente al mundo castellanohablante de segunda… No, mira, yo no quiero ser catalán en una Cataluña que no me reconoce en su pluralidad. Resulta que en una Cataluña así, es España, precisamente, quien al menos defiende mis derechos.

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