Cuestión de ética
No me gustan las corridas de toros (ni otros espectáculos similares), entiendo que la tortura animal es inaceptable, sea en nombre de la cultura, o de enfermedades mentales, y entiendo también que el hecho de que haya una legislación donde la tortura animal no esté permitida es propio de sociedades avanzadas. Ahora bien, lo que me interesa destacar, sobre todo, respondiendo a aquellos que acusan a Montilla de haber prohibido esta fiesta tan divertida e inocente, es lo siguiente:
- La prohibición está enmarcada dentro de una Iniciativa Legislativa Popular que contaba con 180.000 firmas de apoyo (se necesitan 50.000…). El Parlamento catalán decidió admitirla a trámite, tras una votación secreta y con libertad de voto en algunos grupos parlamentarios; y hoy, tras una votación pública, han ganado los partidarios de la prohibición (¡bien!), aunque Montilla y la mayoría de diputados del PSC se han opuesto. Es más, ni aunque los tres parlamentarios socialistas que han votado a favor de la prohibición (tenían libertad de voto), hubieran hecho lo contrario, el resultado hubiera cambiado (¡cabe decir que me siento hiper orgulloso y representado por diputados como Toni Comí!). Y atención, porque en la Comunidad de Madrid se están recogiendo firmas para presentar una iniciativa similar…
- En relación con lo anterior. Esta prohibición llevaba muchísimos años vigente en las Canarias… ¿A iniciativa de quién? Del Partido Popular. Conviene destacarlo también, sobre todo después de escuchar a Alicia Sánchez Camacho y a Mariano Rajoy defendiendo el “derecho a la libertad” (invención jurídica: hay derechos y libertades, pero no derecho a la libertad) de ir a ver a los toros, o a Jaime Mayor Oreja diciendo que esta prohibición es un síntoma de la crisis nacional. Ni existe ningún “derecho a la libertad” de ver la tortura de animales (peleas de gallos, tirar la cabra por un campanario -muy popular en algunos lugares-, etc), ni es una cuestión nacional(ista). Lo explicaba muy bien el diputado Josep Rull de CIU: Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Mariano José de Larra (ilustres españoles) también estaban en contra de este tipo de espectáculos… Al fin y al cabo, en mi opinión, es una cuestión de ética.
A partir de hoy, el PP de Rajoy, el que se preocupa de verdad por los asuntos de los ciudadanos, puede, si quiere, pasarse el resto de la legislatura intentando que lo que ha decidido el Parlamento no se aplique, como ya han anunciado. Ahora bien, que no se escandalicen si se convierten en una fábrica de secesionistas hartos del poco respeto que se le da, una vez más, a una cámara de representación ciudadana como es el Parlament de Catalunya…
Malherido
Febrero de 2008. Hacía pocas semanas que había entrevistado a un diputado de CIU, que decía que con el Estatut vigente alguien como él podía sentirse cómodo, y que al acabar la entrevista me preguntó si conocía a Guillem. No tenía el gusto… El susodicho vio referenciada en un periódico catalán una entrevista que yo mismo había hecho semanas antes a otro parlamentario y le parecí un personaje curioso. Gracias. Días después, a través del diputado convergent, nos conocimos… Intensa comida, en la que me hizo pensar y cuestionar muchas cosas, y donde él pronosticaba que yo acabaría siendo independentista. Por aquel entonces, yo hablaba de la España plural enmarcada dentro de un Estado federal, respetuosa con las naciones e identidades que forman parte del que todavía es nuestro país; quería estudiar periodismo y estaba a punto de publicar 439 días (cuyo contenido sigo defendiendo).
Julio de 2010. No ha pasado tanto tiempo. Poco más de dos años. Mucho, y cruciales, en alguien que solo tiene 20… El Tribunal Constitucional dicta una irresponsable sentencia sobre el Estatut sobre el que preguntaba en 2008, estudio Ciencias Políticas porque así me lo recomendaron Guillem y Jordi; y Guillem, el mismo chico al que no conocía y que empecé a admirar a los pocos segundos de saber cómo era y qué hacía, vive conmigo. Mi vida, desde luego ha cambiado. El panorama político, en lo que a las relaciones Catalunya-España se refiere, también.
Pero, insisto, no es la sentencia… Es lo que hay detrás de ella. Fuera de Catalunya nadie ha cuestionado su legitimidad, ni nadie ha pensado en las frustraciones creadas o la irresponsabidad de los miembros del TC al escribir esa novela (con forma de sentencia) que recuerda a las arengas de Queipo de Llano. Se ha demostrado que la España plural, en todo caso, solo existe en Catalunya y Zapatero ha dado por concluido el proceso de evolución autonómico. La voluntad de federarse básicamente está en Catalunya y lo de las federaciones, como los matrimonios, depende de más de uno…
No había diferencias en las aproximaciones que la prensa madrileña hacía estos días. ¡Incluso Público ha dicho que aquí no ha pasado nada! Pero sí ha pasado… Los que creían en la España, una, grande y libre, están contentos, los que creían en una Catalunya independiente tienen la excusa perfecta y los que dudaban del alcance del Estado de las autonomías se han quedado tranquilos. Los grandes perjudicados, a los que más nos han frustrado, a los que más nos han herido, los que más engañados nos hemos sentido, somos aquellos que creíamos, porque el marco teórico explica que es el modelo ideal de convivencia, en la España federal.
No hay voluntad. Unos recortan derechos y otros callan. Y el que calla, ya saben, otorga. Para cambiar nuestro marco legal, poco respetuoso con algunos preceptos democráticos, hace falta el apoyo del Partido Popular… Y por mucho que mi admirado Miquel Iceta siguiera esta mañana insistiendo en la necesidad de modificar la Constitución, hay media España que está en contra, y otra media que no está por la labor.
Si esto es España, no quiero ser español
“Si la España futura es la que ha teorizado el Constitucional, la Catalunya de la que yo formo parte no cabe en este Estado“. Son palabras del ex ministro socialista Joan Majó. No es ninguna barbaridad. Ya sabíamos, desde el día en el que Zapatero prometió que aprobaría aquello que, al final, no aprobó y recortó con la ayuda de Artur Mas, que el sistema de garantías constitucional en el caso de nuestro país, como en muchos otros, depende de un tribunal ad hoc y que reformar la Constitución es más complicado que descubrir el sexo de los ángeles, a diferencia de lo que pasa en el Reino Unido, por ejemplo.
También sabíamos que el sistema de elección de sus miembros es un juego de intereses partitocrático (que pueden bloquear y recusar a su gusto) y que cuando los dirigentes del PP (¡oh! ¡responsables y honorables personas!) dijeron que el Estatuto estaba tutelado por ETA y presentaron un recurso para garantizar su constitucionalidad, no iban a hacer lo propio con estatutos similares (calcados en algunos artículos) como el andaluz y el valenciano, que sí contó con su apoyo.
Sabíamos que para reformar la Constitución (si es que queríamos un Estado federal) había que seguir un mecanismo determinado y era peligroso intentar forzar el cambio con la reforma de Estatutos de autonomía. Ahora bien, lo que no todos sabíamos es que un puñado de jueces, algunos de ellos incompetentes (con su doble acepción), iban a redactar una sentencia que no tan solo iba a devolver a Catalunya un estado prestatutario (al de Nuria, se entiende), que iban a ser también autores de una novela a la que, como decía Enric Juliana, solo le faltaba el himno de España de fondo (y una caja hermética que asegure la indisolubilidad de lo que, en principio, era una nación de naciones) y que quien promovió todo este entuerto, no ha evitado la catástrofe.
Será legal, pero no es legítimo… Porque luego llegó el día de después… Y en España casi todo el mundo estaba contento. Era una sentencia justa que limitaba lo que votaron los ciudadanos en un referéndum, los parlamentarios autonómicos, los senadores y los diputados que representan la soberanía nacional. Y llegó el día de después… Y en Catalunya todos, todos los que no tienen complejos a la hora de defender los intereses de las leyes que cuentan con el respaldo mayoritario de sus ciudadanos, dijeron que ya estaba bien. Que si no nos quieren, no pasa nada… Que no estamos ante un juego de cuatro exaltados que enarbolan banderas… Que lo que está en juego es la democracia… Y que si esto es España, y a la mayoría de españoles ya les parece bien, lo siento, pero yo, como tantos, tampoco quiero ser español.
“La hora de la política”
No es que no me quiera mojar. Al contrario. Citando este artículo de Josep Ramoneda creo que está todo dicho. Ahora bien, en un mundo donde todo va tan deprisa, entenderéis, quiero algo de reflexión…
La manifestación de reafirmación catalanista y contra la sentencia del Estatuto reunió a un número ingente de ciudadanos en el centro de Barcelona, con ganas de decir de forma tranquila que Cataluña existe como nación política. Con este exitoso acontecimiento terminó la fase de los rituales. Y empieza la hora de la verdad política. La indignación serena que los ciudadanos expresaron en la calle es un sentimiento que surge cuando la gente se siente atropellada y que está en el origen de los grandes cambios sociales. La tarea del día después es darle traducción política. Si la sentencia del Constitucional marca el cierre del Estado autonómico, como es opinión extendida en Cataluña, ¿cómo traducir la respuesta ciudadana en políticas adecuadas para la nueva etapa que esta manifestación abre? Esta es la tarea que tienen por delante los partidos políticos y que debe guiar su comportamiento en la inminente campaña electoral catalana. Si los partidos, por una vez, fueran capaces de hacer una campaña electoral más política que propagandística, de las urnas podrían salir las alianzas adecuadas para poner en marcha la agenda compartida que la situación requiere.
Hay quien piensa que habría sido mejor que la sentencia no llegara en vigilias electorales. No estoy de acuerdo. Es precisamente la gran oportunidad de cambiar las inercias. De constituir mayorías o alianzas mayoritarias fuertes capaces de tomar la iniciativa. A Cataluña le ha llegado la hora de afrontar el futuro por sí misma.
Se han oído voces en Cataluña y fuera de Cataluña que dicen que las manifestaciones son gestos inútiles, expresiones de impotencia. No es verdad. La manifestación del 11 de septiembre del 77 está en la mente de todos todavía y sin ella la Transición probablemente habría sido distinta. Las movilizaciones contra la guerra de Irak cambiaron el curso de la política española. Y la manifestación de este 10 de julio puede tener un papel determinante en el futuro inmediato de Cataluña. No vale la demagogia de que el lunes la vida volverá a la rutina de siempre y los catalanes se irán de vacaciones como cada año. Naturalmente, nadie ha llamado a la insurrección. Se trata simplemente de comprometer a los partidos políticos a encontrar la hoja de ruta adecuada para que, con decisión, y sin rodeos innecesarios, Cataluña pueda alcanzar el autogobierno que se le niega. Lo que requiere mucha política, mucho pacto entre los partidos catalanes para la acumulación de fuerzas, mucha confrontación ideológica, en el sentido más noble de la palabra, hasta la configuración de las mayorías necesarias para emprender cambios de envergadura.
Se nota en algunos medios de comunicación conservadores cierto desdén, en el sentido de que una vez agotado el tiempo del ruido todo volverá a su cauce y se demostrará una vez más que los catalanes ladran mucho pero muerden poco. Corresponde a los partidos catalanes demostrar que las cosas han cambiado, pero corresponde también a las élites locales, especialmente a las económicas, siempre tan lampedusianas, no frustrar las expectativas generadas. No vale manifestarse de tarde y decir en las cenas de la noche que ahora lo que hay que hacer es evitar que esta dinámica de cambio vaya demasiado lejos. Había más de un rostro y más de una institución en la calle que respondían a este perfil.
En el intento de minimizar la manifestación de ayer, que parece ser la consigna de la derecha, algunos medios de comunicación han empezado utilizar La Roja como arma para el ataque. Espero que a la vista de la masiva manifestación de ayer no pierdan el tiempo contabilizando los ciudadanos que mañana salgan a celebrar el Mundial, si España lo consigue. Deben sentirse muy inseguros en la defensa de la nación española cuando tienen que convertir al fútbol en bandera para la reconstrucción nacional. Realmente, están ya en el último recurso.
El Gobierno español y el PP, ahora en el papel de manso cordero olvidadizo de haber provocado esta fractura institucional, esperan que, con el retorno de CiU al poder o con una coalición CiU-PSC, las cosas vuelvan a su sitio natural. El problema es que lo que antes resultaba natural ahora ya no lo es. Porque Cataluña ha cambiado mucho y la presencia masiva de las nuevas generaciones en la manifestación lo testifica. Y porque cuando a uno se le cierran las puertas no le queda más salida que buscar su propio camino. Esto es lo que expresaban los catalanes en la calle. Algunos dirán que se habría podido llegar a esta conclusión mucho antes. Pero para que un país se mueva sin desgarros internos ni fracturas dolorosas es necesario que una amplia mayoría de la sociedad tome conciencia de la necesidad de cambio. Los manifestantes dieron testimonio de esta mayoría.
La suerte está echada.
Punto de inflexión
Miquel Roca, padre de la Constitución:
“El proyecto común del 78 se ha agotado. El Tribunal Constitucional lo ha enterrado. Alguien deberá definir las bases de este nuevo proyecto e incluso comprobar si hay voluntad para ello. Algunos no lo quieren y el tribunal les ha dado la razón. España tiene un problema”.