[he publicado este articulo en mi columna de La Voz de BCN]
Un respetado parlamentario autonómico me manifestaba hace unas semanas su preocupación tras ver a una chica que leía un reportaje a doble página en el que se decía: ‘¿Son corruptos los políticos?’. “¡Sólo faltaba que no hubiera tenido interrogantes!”, exclamaba.
Los casos de corrupción destapados en los últimos meses son una constatación de que el hombre puede ser corrupto. Y ese hombre, bien puede ser político, periodista (si un periodista es pervertido, no nos preguntamos: ¿a los periodistas les gustan los corpiños?), abogado, empresario o profesor universitario.
Los medios de comunicación son también responsables
Que se demonice o no a la clase política es también responsabilidad de los medios de comunicación, teniendo en cuenta el poder fáctico que estos poseen. No es un ejemplo de responsabilidad, por ejemplo, el titular entre interrogantes al que me refería líneas atrás. En un momento crítico como este es necesario reflexionar sobre qué elementos pueden generar descontento entre la población (sistema electoral, ley de financiación de partidos, problemas que genera el parlamentarismo), pero no se puede juzgar de esa manera a un colectivo tan o tan poco sensato y honesto como cualquier otro.
En los altares
Tampoco son responsables aquellos columnistas (a sueldo) que intentan confundir. Leer a según quien defendiendo que Macià Alavedra por encima de todo es un patriota y que la operación organizada por Garzón es un ataque en toda regla al catalanismo, es un ejercicio de cinismo, hipocresía y de maldad incomparable, y que cualquier persona con un mínimo de ética condenaría sin remordimientos.
Claro que, en el caso que nos ocupa, el problema ha sido que el nacionalismo ha santificado a alguien antes de saber exactamente quién era ese “alguien”. La Iglesia, me contaba el parlamentario preocupado, es inteligente cuando espera unos años después de la muerte de un beato para ver si sacan algo malo. Luego, si a caso, le hacen santo. Por contra, el nacionalismo, se anticipa y santifica en vida, y luego, se generan frustraciones.
¿Soluciones?
Ahora bien, el descaro con el que los medios de comunicación tratan a la clase política (a algún director de periódico le gustaría ser él quién moviera los hilos) no es argumentación suficiente como para olvidar el tema. El legislador debería darse prisa en generar todos aquellos mecanismos de control que sean necesarios para perseguir y castigar a quien delinque.
No es nada desmesurado pedir que muchos políticos tengan un trabajo mejor retribuido. La Ciencia Política ha estudiado en numerosas ocasiones las ventajas que esto tiene y, a la larga, es beneficioso: una persona que debe su vida a los demás (un diputado, un presidente de Gobierno, un alcalde de una gran ciudad) debería tener un sueldo que compensara el desgaste que supone dedicar toda una vida, o una etapa de ella, a la comunidad, y evitar así tentaciones.


Estoy de acuerdo, no todos los políticos son unos corruptos. Las generalizaciones son muy peligrosas. Sin embargo, es indignante para los ciudadanos ver cómo cada mes salta un caso en alguna localidad española.
Te dejo el enlace de un artículo que escribí en mi blog sobre el tema:
http://jesusmargon.blogspot.com/2009/10/no-todos-los-politicos-son-iguales.html
gracias josé manuel por compartir la reflexion!
Sin ánimo de ser cínico, se me hace muy difícil unir los conceptos política y ética, así, de forma genérica. Es más, lo considero un oxímoron.
Pero de eso a que todo aquel que se dedica profesionalmente a la política sea considerado un chorizo hay un trecho (no muy largo, también es verdad).