Que a la gente no le interesa la política no es cierto. En todo caso, le aburre… A casi todo el mundo le interesa que haya transporte público, cobertura sanitaria, subsidio por desempleo, calles, farolas, Policía, que haya una ley que respete una intimidad que no se tiene… Eso también es política. Sin embargo, el ciudadano medio de Benidorm, por ejemplo, ahora mismo debe experimentar dos sensaciones contrapuestas: la preocupación por el mal uso que se le deben dar a sus impuestos y el aburrimiento producido por un teatrillo propio del sur de la Italia berlusconiana.
Los concejales del PSOE se dan de baja de su partido. Ya no son compañeros de Zapatero y ya no incumplen la ley antitransfuguismo en caso de aceptar el voto de un concejal enfadado con los suyos. Total, cuando actuan como tal, no pertenecen a ninguna formación política. Mientras tanto, Rajoy critica el fariseismo de esos concejales de pueblo grande y se olvida que él apoyó el ascenso de Zaplana en la misma ciudad utilizando un método similar.
Los dos grandes partidos protagonizan, una vez más, un espectáculo no muy propio de esa España moderna de la que se presume… Por suerte, en algunas Comunidades Autónomas, como en Cataluña, cuando elegimos al presidente del Gobierno tenemos alternativas, a izquierda y derecha, y no estamos obligados a escoger entre dos modelos que generan dinámicas tan equivocadas y, en definitiva, tan dañinas para las bases de nuestra democracia. Con la convicción de que Zapatero ha aportado un granito de arena en consolidar la parte social del Estado español, no dejo de criticar a ese hombre con poca experiencia, pero con muy buenas intenciones, que ha tenido la suerte de tener al peor líder de la oposición de los últimos años.


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