“En el Parlamento catalán está la extrema derecha, si la hay, la derecha, el centro, la izquierda y Jordi Miralles”, dije para introducir al coordinador general de Esquerra Unida i Alternativa. Ayer, para cerrar el ciclo de conferencias sobre la crisis que inició Montserrat Nebrera, Jordi Miralles, también diputado en el Parlament, habló sobre economía en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Luego, DEBA-t, organizó una comida con el también miembro de la Mesa del Parlamento catalán.
¿Quiénes son los responsables de la crisis? Para Miralles la respuesta es clara y el sistema capitalista tiene la culpa. “Capitalismo no es solo Estados Unidos, sino Dubai, Marruecos, Katar, Colombia…”. De hecho, “Marx decía en 1867 que los propietarios del capital estimularían a los trabajadores a consumir, estos se endeudarían, a la par que la banca, y esta debería ser nacionalizado. Justo lo que está pasando ahora”. “Todo ello es responsabilidad de aquellos que marcaban la política monetaria con el dolar, que apostaban por la desregulación, que explotaban aquí y que dejaban instalarse en la miseria a miles de personas. De hecho, en América Latina ya se están revelando contra ellos. ¿Chávez? Sí, pero ha sido elegido democráticamente. ¿A alguien le suena Pinochet? ¿Y quién estaba detrás de él? Kissinger, el mismo que años después ganó el Nobel de la Paz (…) Ha habida un crecimiento desigual y la consecuencia es que en Cataluña el 14% de la población es pobre”, decía a modo de conclusión.
¿Es necesario que la política marque a la economía? El diputado entiende que sí. “El neoliberalismo ha marcado la política y las privatizaciones, que son consecuencia de ello, eliminan el control democrático (…) El neoliberalismo degrada la democracia y es que la democracia no es solo pasar la papeleta cada cuatro años. Para mi, democracia es otra cosa y en Cuba hay democracia social, política y económica”, comentaba. “¿Por qué no pueden participar los trabajadores en las decisiones de la empresa? La democracia se ha quedado en la entrada de la puerta de trabajo”, sentenciaba.
Propuestas. “La crisis está siendo amable para los culpables, pero en Cataluña cada día hay 1000 parados más. Propongo un cambio de fiscalidad, regular el sector financiero, hacer más políticas sociales, mejorar los salarios, recuperar el contrato indefinido, mejorar la seguridad de los trabajadores, reducir subcontrataciones, crear una banca pública… Por cierto, ¡bienvenidos aquellos a los que se les ha caido el dogma y también apuestan por esto último! Ahora lo que hay que hacer es convertir los avales de los bancos en acciones públicas. Lo que no puede ser es que el Banco Santander siga teniendo beneficios y que no conceda créditos (…) Y apuesto por aumentar los impuestos directos y reducir los indirectos (…) Lamentablemente, no es la crisis final del capitalismo”, decía para acabar. A ello, el decano de la Facultad, Jordi Guiu, decía que “el problema no es el capitalismo, sino determinado tipo de capitalismo. Y ese sí se ha acabado”. Horas después, en Madrid, mientras cenaba con Carles Campuzano, diputado de CIU, este me preguntaba si , tras la crisis, pensaba que el modelo iba a cambiar. Soy escéptico.

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