El martes Montserrat Nebrera desafió de nuevo a su partido organizando una cena en el Hotel Juan Carlos I de Barcelona a la que acudieron más de 500 personas. Aquí hay un resumen de lo que pasó. No obstante, no quiero hablar de ello, sino, una vez más, de su protagonista.
Proyecto alternativo
En el PP de Cataluña las cosas no funcionan bien. El partido carece de un discurso coherente y en los últimos años han cambiado tres veces de presidente sin que nadie de muchas explicaciones de por qué. El caciquismo, sí, quizá impera en el partido. Nebrera, desde que Piqué la fichara (ahora probablemente se arrepentiría) ha entendido varias cosas cosas: se debe cambiar el funcionamiento del PPC, debe aumentar la autonomía de este en Cataluña, se debe forjar una base ideológica coherente y no se deben hacer permanentes exaltaciones nacionalistas (lo que conlleva, asimismo, que el PP tenga un perfil catalanista).
Democracia interna y proyecto liberal conservador
“En democracia, dentro de las normas del juego, todo es posible”, insiste con frecuencia el diputado popular Francesc Vendrell. Ahí radica la legitimidad de que Nebrera proponga un proyecto liberal y conservador, por lo que, pese a las diferencias que pueda tener con ella, aplaudo no tan solo la capacidad intelectual de su persona, sino las ganas de dotar al PP de un discurso propio (del que, a lo mejor, carece). Ahora bien, algo muy importante de Montserrat, al margen de que en el eje nacional no quiera crear especial crispación (pese a que el martes se hiciera alguna exaltación innecesaria) es lo integrado que tiene en su persona el concepto de democracia. Y ahí tiene mucho que ganar.
Militantes enfadados
Nebrera se dio cuenta en el Congreso que pudo llevarla a la presidencia de su partido que había muchísima gente enfadada. A la diputada le tomaron el pelo pocos días antes del cónclave: Alberto Fernández (que forma un tándem con su hermano dentro del partido), le invitó a integrar su candidatura con la suya, mientras Alicia Sánchez Camacho ya estaba preparada para salir al escenario con el beneplácito de los Fernández. Muchos militantes no lo vieron con buenos ojos: la dirección nacional elegía una vez más, a dedo, quién debía ser el presidente de los populares catalanes. Una tomadura de pelo (y, encima, mal disimulada). Nebrera tuvo el apoyo del 43% de los compromisarios y aunque ahí no acabó la fuerza de su proyecto, el martes se vio en la cena a mucha gente que si se afiliara al PPC podría hacer posible el cambio que propone la diputada. ¿Por qué no lo hacen? Lo desconozco.
¿Españolistas y catalanistas?
Lo cierto es que la diputada del PP mueve a gente muy diferente: tanto a militantes enfadados como a personas comprometidas con su proyecto ideológico. Entre los militantes enfadados que le apoyan hay personas con perfil catalanista, como Manuel Milián Mestre, y otras que en vez de con sábanas duermen con la bandera de España. Lo cual, dicho de otro modo, se podría traducir en que Nebrera tiene un perfil propio, pero, a lo mejor, sabe que si quiere conseguir sus objetivos (entre otros tantos democratizar el partido) tendrá que ser apoyada por militantes enfadados que, a priori, no coinciden con su ideología.
Nebrera presentará batalla en el Congreso del PP en Barcelona
El Opus Dei será protagonista este sábado en el Congreso del PP de Barcelona. Los dos candidatos, tanto Santigo Gotor, el nebrerista, como Antoni Bosch, el oficialista, son miembros de la Obra. No es extraño. Jorge Fernández, que controla buena parte del aparato, Jordi Cornet, secretario General del PPC y mucha de la gente del entorno de Nebrera son del Opus. Es legítimo, desde luego. Lo importante, entiendo, es que Nebrera no se retira (poco importa la ideología en un Congreso de carácter técnico). Hay mucha gente dentro y fuera del partido que la apoya (aunque Rajoy no se quiera reunir con ella) y no la van a hacer callar. “El espíritu del PP es catalanista”, decía uno de los fundadores del PP el martes. Nebrera lo sabe y quiere que así sea.
Comentarios recientes