“No me parece que tenga que escandalizar a nadie que el CAC dictamine qué es o no verdad”

Que el CAC otorgue las licencias de radiodifusión en Cataluña no debería escandalizar a nadie, sobre todo porque hasta hace poco era el Ministerio de Industria (directamente) el que las otorgaba en Cataluña (pese a que en otros lugares de España lo sigue haciendo). ¿Es más plural un organismo con representación parlamentaria o un Ministerio controlado por un solo partido? ¿Qué sistema alternativo sería menos controvertido?

De todos modos, habría que destacar que el Tribunal Constitucional también es un órgano elegido por un Parlamento y, sin embargo, todos aquellos que ponen en duda la legitimidad del CAC por ser un “órgano político” no hacen lo propio con este Tribunal (y tiene tela…). Además, si el CAC comete irregularidades, como mucha gente cree que ha ocurrido con la renovación de licencias de radio, hay mecanismos para presentar recursos ante las autoridades competentes: nadie está indefenso.

En todo caso, lo que sí debe escandalizar del CAC, probablemente, es que desde hace unos pocos años tenga una fuerte capacidad sancionadora y pueda determinar qué es o no verdad. Precisamente, hace dos años entrevisté en City FM a la vicepresidenta del Consejo, Victòria Camps.  “No me parece que tenga que escandalizar a nadie que el CAC dictamine qué es o no verdad”.

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¿Ya no existe la izquierda?

¿Se pueden seguir aplicando ideologías políticas teorizadas hace más de un siglo? ¿El socialcristianismo y el liberalismo son ideologías con algún elemento en común? ¿Se puede seguir hablando de la izquierda y la derecha? ¿No sería más correcto hablar de progresistas (hay liberales que lo son) y conservadores (el socialista José Bono, quizás, también lo es) y de extremistas y moderados? Joan Herrera y Angela Merkel abogan por preservar el medio ambiente; son progresistas y, sin embargo, los dos no son considerados personas de izquierdas.

Hace unas semanas nos recomendaron leer en clase un fragmento de una obra de Norberto Bobbio. El pensador defendía que hay razones para seguir hablando de la izquierda y la derecha. Sin embargo, leyendo más allá de lo recomendado, encuentro interesantes aportaciones suyas que me invitan a pensar lo contrario. ¿No se trataría de hablar de progresistas y conservadores (actitud que se tiene respecto al cambio) y de extremistas y moderados? Insisto, un momento, en esto último:

  • Nietzsche (que inspiró al nazismo) y Marx son considerados los padres de la nueva izquierda. ¿Qué tienen en común?
  • Carles Schmitt, inspirador y teórico nazi, fue descubierto en Italia por la izquierda.
  • Los nazis sentían simpatía por Heidegger y es considerado por los filósofos como un hombre de izquierdas.
  • George Sorel inspiró a movimientos sindicales de izquierdas y, a su vez, admiró a Mussolini y a Lenin (en vez de poner en duda que izquierda y derecha sean conceptos inexistentes, podríamos insistir en la patología de autores como este…). Sorel fue admirado por el conservadurismo y sus seguidores resultaron fascistas.

Los extremistas, y ahí hay gente de izquierdas y de derechas, sí tienen elementos en común: Marx y Hegel tienen un carácter revolucionario. En cualquier caso, no es la cuestión: tienen en común los medios, pero no los fines.

La actitud ante el cambio climático podría demostrar que ha quedado obsoleta la distinción a la que me refiero: el problema es que hay gente que tiene miedo al cambio de modelo energético mundial. Esa gente, ¿es de derechas o de izquierdas? Angela Merkel, defensora del socialcristianismo (movimiento tradicional de la derecha), se empeña en buscar modelos energéticos alternativos mientras la izquierda tradicional se intenta adueñar de la lucha contra el cambio climático. Ambos tienen en común un elemento: no tienen miedo al cambio de modelo energético. No son conservadores; son progresistas.

Asimismo, otro elemento que podría poner en entredicho la diada de izquierda y derecha es el nacionalismo (y esto no es nuevo). ¿Hablamos de un elemento propio de la izquierda o de la derecha? Si bien a estos últimos se les ha considerado los grandes defensores de postulados nacionalistas, repasando la historia vemos como el comunismo, defendido por gente de izquierdas, ha estado acompañado, casi siempre, por exaltaciones nacionalistas profundamente reaccionarias. Otro ejemplo en la misma línea: algunos (solo algunos) sectores de ERC, de izquierdas, son profundamente conservadores en este sentido: quieren volver a la situación territorial que había antes de 1714 en Cataluña por una cuestión histórica (ante el progreso, regreso).

¿A caso no es cierto que el socialcristianismo no se parece más a la socialdemocracia que al neoliberalismo en sus políticas sociales, por ejemplo? ¿Por qué no considerar al socialcristianismo de izquierdas, si algunos defensores de esta ideológia creen que Jesucristo lo era? ¿Por qué poner al mismo nivel al nazismo y al liberalismo si, desde una perspectiva económica y política, no tienen nada que ver? ¿Qué es ser de izquierdas? ¿Ser proabortista (Lenin no lo era), no nacionalista (algunos en ERC también lo son), buscar modelos energéticos alternativos (los socialistas franceses no se quejan mucho de la energía nuclear) y apoyar un Estado intervencionista (al anarquismo se le considera de izquierdas)? Carles Campuzano, diputado del Grupo Catalán en el Congreso, ha superado el debate de la diada y entiende que es hora de hablar de la tercera vía. La izquierda, como tal, ya no existe (la derecha, en consecuencia, tampoco).

Jordi Pujol: “Los jóvenes debeis asumir responsabilidades”

Jordi Pujol ha estado hoy en la Universitat Pompeu Fabra en un acto organizo por dos buenos amigos (como insistía uno de ellos en la presentación, Pujol no es independentista; ellos sí). El ex presidente se ha referido a la situación actual de Cataluña y se ha preguntado qué es lo que pueden hacer las nuevas generaciones por ella:

Cataluña está en un momento crítico y puede ir bien o mal. El Estatuto, las relaciones con el conjunto de España… ¿Tendremos más o menos autonomía? ¿Más o menos dinero? ¿Más o menos prestigio? ¿Más autoestima? ¿Más estima del exterior?

En 1939 se acaba la Guerra… Hay una situación desastrosa y un país herido y oprimido, economicamente en una situación dificil… El objetivo era sobrevivir y reconstruir el país. Y lo hizo, aunque con limitaciones… Fue una generación castigada. ¡El PIB de 1935 no se recuperó hasta 1953!

Más tarde, en 1960, le toca jugar a mi generación. Nuestros padres salvaron lo esencial… Ahora debemos hacer más. Aspirábamos a una democracia como las europeas con Estado de bienestar. Desde el punto de vista catalán queríamos salvar el país: reconstruir Cataluña. Es la generación que hace la transicion politica… ¡Y la hacemos bien! Se instaura una democracia que en su formulación nunca habíamos tenido. Conseguimos más autonomía que nunca. Somos una generación que no quiere reprochar cosas de la Guerra Civil… Ni yo, ni Carrillo… Eso es lo que hicimos.

Vosotros, ¿qué vais a hacer por vuestro país? “La imagen que dábamos hace 15 años, ahora no la damos. Hay que recuperar la ilusión”, comentaba. ¿Cómo? El catalanismo, probablemente, no deba refundarse como quiere Mas; debe practicarse, como insistía el histórico de CIU Miquel Roca. El independentismo, insiste Pujol, no es la solución.


Foto (móvil): Guillem Carol y Jordi Pujol.

Repsol y el nacionalismo

Los bienes básicos, desde una perspectiva socialdemócrata que yo puedo llegar a defender, deben estar gestionados y son exclusiva responsabilidad del Estado: la educación, la sanidad, el sector energético e incluso la vivienda… Sin embargo, una vez se acepta el juego del libre mercado, una vez se liberalizan esos sectores (y en el caso de Repsol se hizo durante uno de los gobiernos de Aznar), lo que es impropio es criticar que empresas no españolas formen parte del accionariado de esa empresa liberalizada y pedir responsabilidades al Gobierno de un Estado que anteriormente ha permitido esa situación.

No se puede entender, si no es desde una perspectiva nacionalista (de la que reniegan), que el Partido Popular (y Felipe González) se opongan a que una empresa privada rusa (que no es la pública Gazprom) forme parte del accionariado de Repsol, sobre todo si se tiene en cuenta que los mismos que critican esta operación, anteriormente no han criticado que Cepsa sea, en parte, propiedad de una multinacional francesa. Entiendo que si se quiere defender la españolidad de Repsol no hay nada mejor que sea el propio Estado español su propietario.

Contrastes

El jueves, tras salir de una fiesta con los premiados de los Ondas, me encontré con un joven inmigrante de Tánger. Paquito, que así decía llamarse, nos contaba que había venido a España bajo el motor de un camión. “Me han echado varias veces, pero yo sé donde hay que ponerse para no morirme”, nos contaba tranquilamente mientras nos explicaba lo corrupta que era la Policía en su país y la diferencia que hay con la de España. Lleva 15 años viviendo en Barcelona y 5 sin ver a su familia. Ahora ya tiene papeles, es un ciudadano más: cotiza en la Seguridad Social, tiene derechos, obligaciones… No obstante, tiempo atrás había sido traficante de droga porque, decía, nadie lo quería contratar si no tenía documentación. En su día lo legalizaron, lo ayudaron a encontrar casa, trabajo… Pasé de estar con el Duque, y chicas emocionadas al verle, a hablar con alguien que se había movido muchos años en los mismos ambientes en los que se mueve el actor de Sin tetas no hay paraíso y al que, sin embargo, poca gente se le acerca. Un contraste, desde luego, chocante.

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