Así debe pensar algún dirigente del PP. La extrema derecha sociológica, que existe en España, siempre había votado al Partido Popular. Algunos de sus dirigentes, incluso, tenían algunas posturas extremistas. Sin embargo, nunca pintaron mucho y el PP pudo ser un partido de centro. Un día, esos extremistas llegaron a la dirección y ahora no se quieren ir.
Unos piden que se vuelva al centro (entendiendo que los últimos cuatro años no lo han sido), otros dicen que no van a dar cheques en blanco a Rajoy, otros denuncian que el “humanismo cristiano” desaparezca de la próxima ponencia del Partido, algún predicador se arrepiente de haber votado a Rajoy y el propio Rajoy invita a irse al Partido Liberal o Conservador a aquellos que no crean en su proyecto.
Varios dirigentes del PP me han dicho a lo largo de la última legislatura que Rajoy era consciente de que 2008 era su última oportunidad. Tenía que equilibrar a gente con perfiles muy marcados, pero ganaron los Acebes y perdieron los Piqués. Rajoy, seguramente, no sea el único responsable de lo que ha hecho su partido en los últimos años, pero ha sido el presidente de un PP que ha defendido teorías conspirativas, ha usado excesivamente la demagogia contra Cataluña y ha hecho un uso partidista más que desleal con la política antiterrorista y con las propias víctimas del terrorismo. Se retira San Gil, se retiran Acebes, Zaplana y Ortega Lara (¿y Mayor Oreja qué dice?), pero el que ha presidido ese proyecto se queda con el objetivo de que el PP vuelva a ser un partido de centro. Y seguramente hace bien.
La extrema derecha no se quiere ir de la dirección. La falta de democracia interna, incluso Esperanza Aguirre pedía elecciones primarias, hará, probablemente, que Rajoy siga tres años más hasta el próximo Congreso. Allí rebrotarán, seguramente, las llamas. Camps, Gallardón y compañía querrán, a lo mejor, hacerse con la dirección del Partido. ¿Acabará Aguirre yéndose al Partido Liberal? ¿O San Gil a UPyD? ¿O mi querida Nebrera al Partido Conservador? Empiezo a tener claro que el PP, tal y como lo conocemos, no será. O sí.


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