El liberalismo en la educación no es la solución

18 05 2008

El otro día hice un examen a las 8 de la tarde con unos compañeros de bachiller nocturno. Allí había gente joven y gente más mayor. Gente que, seguramente, no tuvo una vida fácil y se vio en la obligación de ponerse a trabajar en un momento determinado. Sin embargo, y como para eso existe el Estado del bienestar, ahora tienen la oportunidad de seguir trabajando (porque tienen que comer) y poder estudiar, lo cual no pudieron hacer. Por ello quisiera hablar del Conseller d’Educació de la Generalitat de Cataluña, Ernest Maragall, del PSC, que por un lado es un buen gestor, pero no se si es la persona más indicada para gestionar, teniendo la visión economicista que le caracteriza, algo tan complejo como el sistema educativo.

De la noche a la mañana le dio por decir que eso del bachillerato nocturno, horario de tarde, desaparecía. Y si bien es cierto que este tipo de bachiller provoca un gasto tremebundo y la demanda es inferior a la oferta, la medida a emprender no sería suprimirlo de un día para otro, sino, en cualquier caso (y solo si se quiere tener una visión liberal de la educación) reducir el número de centros que dan este tipo de oportunidades, rentabilizar de paso el sistema (si es que en la educación hay que tener el mismo criterio económico que en otras cosas, que no lo creo) y seguir dando las mismas oportunidades.

En una ciudad como en la que yo vivo, en la periferia de Barcelona, cargarse este bachillerato puede ser una catástrofe. En cualquier caso, Maragall, hermano del ex president, ha cambiado parcialmente de opinión y ha dedicido reducir el número de centros donde se puede cursar bachillerato en régimen nocturno. Y confío que el camino no sea su supresión. Otra cosa es, y lo veo bien, que el objetivo sea potenciar la educación a distancia, sin que ello implique eliminar aquello que permite a gente de 40 años estudiar porque que en su día no tuvo la suerte de poderlo hacerlo.





“Con esta ANV no se puede ir ni a misa”

18 05 2008

Como ex militante de ETA, y también responsable de crear y construir aquel monstruo -hay que reconocerlo honestamente-, he vivido en sus entrañas y por eso lo conozco bien. Lo de Mondragón me parece de una debilidad absoluta, porque ejecutar -no diría matar- a un trabajador, a un miembro de ese pueblo trabajador vasco que dicen representar, es la mayor contradicción que puedan expresar en estos momentos. No tiene ningún sentido y mucho menos justificación en quienes dicen defender a la clase obrera, dicen ser de izquierdas y marxistas. Es la más increíble aberración y el mayor error político que ha podido cometer ETA.

Valentin Solagaistua, fundador de ETA, en una interesante entrevista en EL PAIS.